600 metros hasta los asesores

He leído por ahí (en El Mundo habrá sido, porque es el único que tiene una sección de chascarrillos suficientemente acreditada para la maldad) que el ministro Blanco (que toda la vida fue Pepiño pero que ahora que va por el Consejo de Ministros es don José) tiene que hacerse un kilómetro doscientos metros para consultar las cosas con sus asesores. Les separan ni más ni menos que 600 metros (ida y vuelta dan los 1.200). Santas dependencias que deben ser esas, y que poco práctico el que escogió las ubicaciones de los despachos. Confío en que tanta distancia entre la idea y la materia (los ministros tienen ocurrencias y los asesores o se las quitan o las hacen inteligibles y realizables) no sea porque al ministro lo tengan metido en una torre, lejos de todo para que no toque nada. Aunque con la de asesores cabrones y la de ministros inútiles que siempre ha habido, tampoco sería de extrañar.

Pensándolo bien, si a don José le gusta hacer ejercicio, sólo tiene que parir muchas ideas que compartir con sus asesores para bajar la tripa sin dejarse 40 euros en el gimnasio (o más, que los ministros y las ministras que hagan uso del gym pueden pagarse uno de esos elegantes que prestan toallas con las letras bordadas en dorado, y tienen chicas y chicos estupendos con uniforme que ayudan a usar los aparatos -en realidad no tienen misterio, pero ya se sabe que los ministros a veces van justos para nuevos conocimientos-, y cafetería-restaurante de comidas de régimen y carne a la plancha). Ahora me explico yo por qué Magdalena Álvarez estaba tan estupenda.

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