Pobres cerdos

En Afganistán tienen un cerdo. Literalmente uno. Está en un zoo, y parece ser que es la atracción de todos los niños. Dónde iba a estar, sino, en un país musulmán. Bueno, total, que ahora con esto de la gripe porcina, el cochino en vez de provocar sonrisas daba miedo. Y los responsables del zoo lo han escondido hasta que amaine el temporal y pueda volver a ser la estrella del show. Estará bien cuidado, así que tendrá unos jamones estupendos, que los afganistanos (ya sé que este no es el gentilicio, pero la palabra me hace más gracia) en vez de comerse con un chorrito de aceite tienen metido en una jaula para deleite (visual) del público. En Madrid, se anunciaban como atracción del zoo los osos panda. En Afganistán el reclamo es un cerdo.

Y hablando de cerdos (qué recurrente y original en estos días), a una lumbrera de la OMS no se le ha ocurrido otra cosa que decir que si comemos cochino nos podemos infectar de gripe. Ahí es nada. Dos semanas con explicaciones y gráficos de colores explicándonos todo el mundo qué hacer para no infectarnos (que si no toser, que si si toser pero tapándose la boca –eso ya me lo enseñaron a mí en mi casa cuando era niño, como a estornudar en un pañuelo e incluso a llevar pañuelo-, que si ponerse mascarilla, que si mirarse la fiebre) y ahora resulta que lo que no hay que hacer es comer lomo, con adobo o sin adobo. Y en vez de no viajar a México, no irse hasta las tiendas delicatesen de El Corte Inglés a comprar blíster de jamón serrano a 120 euros/kilo. Claro que han tardado en echársele encima por bocazas lo mismo que dura una loncha de jamón en el coctel de un ayuntamiento: nada. A eso se llama tranquilizar a la población, y sobre todo, uniformidad en el mensaje.

Yo me levanté hoy con un poco de presión en el pecho. Nada, unos pinchazos de nada. Pero cualquiera se anima a irse hasta un médico, que si es como el especialista este de la OMS te enjaula como al cerdo de Afganistán por si acaso.

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