Los que fueron y ya no son, pero ni se enteran

De vez en cuando, me retopo con gentes que fueron algo en política allá en los tiempos del cuplé, y que se han quedado hoy, como nos hemos quedado los demás, para sopitas y buen vino, pero que no se dan por enterados. Tengo en mente tres nombres, que no diré porque no necesito más enemigos, que son el paradigma de la falta de amor propio. Creo que no cabe mayor humillación que la se inflige uno a sí mismo cuando en vez de llevar la cabeza alta por un pasado de orgullo, se deja arrastrar por las esquinas lloriqueando por un futuro que no se tiene. Los tres lo hacen. Cada uno con su estilo, claro, que son muy distintos, pero al final con idéntico resultado: convertir el lamento en flagelo, y hacer el ridículo.

La política, cuando se hace a un cierto nivel, es muy desagradable al decir adios. Las más de las veces, sabes que te has ido cuando te lo dicen los demás. O que no vas cuando lo lees en un periódico. La palabra gracias no está en el vocabulario de la despedida, si es que hay despedida. En realidad, cuando aceptamos entrar en el juego deberíamos tener muy presente la memoria de los que estuvieron antes y cuentan que cuando les toco salir, ni agua para el camino les dieron. Como dicen dos amigos que fueron algo, hay que tener las maletas hechas siempre, y añado yo que además hay que dejarlas por fuera de la puerta, no sea que un día al ir a abrir alguien haya cambiado la cerradura.

Viene esto a cuenta del enfado que me pillé hace unos días por culpa de los excesos intelectuales de un don nadie (entiéndaseme que en la política, que en otros campos de la vida personal y profesional no entro) que me dejó con el culo al aire por mucho que me digan los que me quieren que no, que ni se notó. Ya se me ha pasado, aunque esa noche no pegué ojo. Total, me digo, para qué. No merece la pena llevarse mal rato por el afán de la inhumildad (me he inventado la palabra, sí, no la busque nadie en el diccionario de la RAE) de los que sólo conservan amarillentos recuerdos a los que acuden en busca de refugio cuando el presente y el futuro se les tiñe del marrón del inconformismo que transforma el lustre del fue en un cutre y lamentable es.

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