¡¡¡ Me ha multado la Guardia Civil!!!

Me cago en la madre que lo parió, que me ha cazado un radar de la Guardia Civil. En una carretera de pueblo limitada a 50, el puto cinemómetro dice que iba a 70. Juro por mis hijos que no me he percatado del exceso. ¡¡¡Pero si iba en caravana!!!. El guardia, muy educado, me ha explicado la infracción, y después de un rato traginando con mis papeles, me ha extendido la receta: 100 señores euros, que se quedan en setenta si acoquinas antes de 30 días. Joder, que mala suerte. A otros dos que iban a lo mismo que yo también les han pillado. Misma velocidad, misma sanción y misma excusa (la caravana).

Ya volviendo, camino del taller porque encima algo de las tripas se le ha roto al cabrón del coche, además de acomodar la conducción a los muy puñeteros 50 kilómetros por hora, me he fijado en el sitio donde se agazapan los picolos con el cazaprimos, y he de confesar que es muy fácil pasarse del límite, sí. Pero coño, de mi caravana ¿sólo yo era el pringado del exceso?. Por supuesto, en el pueblo se han descojonado de la risa cuando lo he contado, y yo por lo bajines me he cagado en su padre, que es lo suyo.

En un brote de dignidad he advertido de que voy a pedir copia de la foto y de los datos técnicos del cacharro que me la he hecho, aunque me da la sensación, por la cara que ha puesto el guardia, de que eso lo dicen muchos y de que además se la chufla. El caso es que he palmado como mínimo 70 euros. Y tan contento que tengo que estar, que ni me quitan puntos ni me llevan preso. Hay que joderse treinta veces, y días en que es mejor no salir de casa.

Postdata. El coche está en el concesionario abierto en canal a la búsqueda de la razón de los ruidos del motor. Y como no lo cubra la garantía… Por cierto, acabo de percatarme de que he perdido el resguardo de la orden de trabajo.

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