Que mal sienta levantarse

Me cuesta levantarme un huevo. No es algo físico, sino mental. Quizá es porque no descanso lo suficiente, pero es levantarme y ya estar amargado y hasta las narices de todo. Hay días que incluso me levanto en pleno ataque de ansiedad, y como no me ponga a hacer algo por casa me dan palpitaciones y sofocos. Hasta que no pasa media hora y me he tomado un té (suena fino, pero es de sobre, del Carrefour y con sacarina, así que más triste no cabe) no dejo de pensar en volverme a la cama y abandonarme a la desesperanza. El siguiente cuarto de hora, la amargura se hace agobio. ¿Qué me pongo que no haya que planchar? Es abrir el armario y tener otro mareo. Suelo solucionarlo rápido (las camisetas de H&M no necesitan plancha y los vaqueros se llevan ahora arrugados) pero son cinco minutos terribles.

Cuando el té se acaba, la ropa está tirada en la cama, la cama hecha para evitar tentaciones, y el reloj marca las ocho menos cinco (es una manía, como la de tener al menos un reloj de pared por habitación excepto en el dormitorio, donde tengo tres despertadores) entonces y sólo entonces afronto la realidad con un poco más de ánimo y la ataco. Gana ella y yo me jodo, y en veinte minutos, ducha incluida (que a mi no me ayuda a espabilar sino a pillar tiritona) me planto en la calle camino del trabajo.Levantarse de la cama es una putada y una desgracia sin paliativos. Supongo que no poder hacerlo, o hacerlo para no poder hacer nada también, pero hoy hablo por mi, que llevo una hora levantado y no se me pasa.

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