Un ticket que es la tira

264 centímetros cuadrados en una tira de 33 de largo por 8 de ancho. Eso ocupa un ticket de cafetería de El Corte Inglés de dos medianos que cuestan 2.70 euros. Sale impreso el precio por unidad, las unidades, el total, el débito, el cargo, el abono, el empleado-cobrador, el día, la hora, los datos fiscales de la empresa, la dirección, y una retaila interminable de agradecimientos por la compra y de garantías de satisfacción y de devolución de lo pagado en caso de insatisfacción. Un no parar de papel y letras, todo un ejemplo de eficiencia y compromiso medioambiental. Nos obligan a tener la cocina llena de cubos para separar la basura por tipos, a empaparnos eso de los depósitos de colores según la clase de desecho -Imposible para mi. Soy incapaz de acordarme de qué va en cada uno. Tampoco acierto con las definiciones de envase, ni sé discernir la diferencia entre cartón, brick, lata, bote, …- y a reciclar hasta el papel de cocina, y nadie hace nada para que de las registradoras de los comercios no salga papel como para escribir en él cien veces los Episodios Nacionales. Cuando el ministro de Muchachada Nui, Sebastián, me mande mis dos bombillas de bajo consumo, se las voy a devolver envueltas en un par de tickets de cafés.

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