Ya sé por qué cambia el precio del globo terráqueo

Vaya. Pregunté en esa tienda del barrio la razón de la fluctuación del precio de la esfera del mundo, y me encontré una respuesta sencilla muy acorde con los tiempos: un error informático. Nada sofisticado, algo tan prosaico como un fallo en el sistema. Que decepción. Semanas soñando con una fórmula de cálculo que pusiera en relación el coste de la bola con los precios del oro o del petróleo, o de la cotización en el mercado de futuros de materias primas del plástico o del papel couché del mapa. Incluso a una pugna entre la potencialidad de ventas en Europa frente a China. Pero no. Un error informático. Una mala programación. Ceros y unos mal encaminados. La chapuza tecnológica que me ha privado de un post digno de las páginas del suplemento económico de El País ha tenido locos a los chicos encargados de actualizar los precios. Todos muy amables al atender mi pregunta, por cierto, entre perplejidad y risa supongo que por una consulta un poco friki. Ahora mirar al escaparate ya no será lo mismo. Ha caído la magia de un suceder misterioso y acampa la vulgaridad de su explicación entre los papeles de los precios y los productos. Si lo sé, no pregunto nada y hubiera podido seguir alimentando mi imaginación con mil posibilidades a cual más loca y disparatada. En fin. Es la vida, todo demasiado sencillo, demasiado corriente, demasiado real.

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