Una renuncia que va de suyo

18 enero 2009

Desde julio de 2.007, cualquiera que siga mi blog habrá visto lo crítico que soy (en ocasiones, duramente crítico) con el grupo socialista en el ayuntamiento de Santander y con su portavoz, Jesús Cabezón. Cuatro años habiendo sido concejal creo que me dan derecho a poner en crisis muchas de sus iniciativas y no-iniciativas, porque sé que pueden hacer más de lo que hacen y mejor. Y quién mejor que alguien que comparte militancia con ellos para hacerselo notar. Supongo que los ciudadanos-votantes ya lo harán cuando llegue el día de meter las papeletas en las urnas otra vez. Yo me permito el lujo de hacerlo más de cuando en cuando, porque como dice una buena amiga compañera “soy un espíritu libre”, y pienso que ser del palo no quiere decir tener que decir siempre amen.

Hoy toca, sin embargo, reconocer lo apropiado del gesto de Cabezón de renunciar al asiento en Caja Cantabria (qué tendrán esos sillones, que todos quieren uno; he oido que los regalos que hacen a los consejeros son de traca, pero sólo por algo tan prosaico no será; ¿quizá por las condiciones de los créditos y esas cosas?) que consiguió con el apoyo del PP y que este partido hace unos días le quitó. Va de suyo que si alguien que te da su confianza te la retira, tienes que recoger el equipaje y salir por donde has entrado. Así que bien por el portavoz, que ha entendido perfectamente el mensaje. Otra cosa será que alce más la voz para denunciar la ruptura del consenso entorno a los órganos de gobierno de la Caja, pero de momento ha hecho lo que debía y justo es distinguírselo.


Un ticket que es la tira

13 enero 2009

264 centímetros cuadrados en una tira de 33 de largo por 8 de ancho. Eso ocupa un ticket de cafetería de El Corte Inglés de dos medianos que cuestan 2.70 euros. Sale impreso el precio por unidad, las unidades, el total, el débito, el cargo, el abono, el empleado-cobrador, el día, la hora, los datos fiscales de la empresa, la dirección, y una retaila interminable de agradecimientos por la compra y de garantías de satisfacción y de devolución de lo pagado en caso de insatisfacción. Un no parar de papel y letras, todo un ejemplo de eficiencia y compromiso medioambiental. Nos obligan a tener la cocina llena de cubos para separar la basura por tipos, a empaparnos eso de los depósitos de colores según la clase de desecho -Imposible para mi. Soy incapaz de acordarme de qué va en cada uno. Tampoco acierto con las definiciones de envase, ni sé discernir la diferencia entre cartón, brick, lata, bote, …- y a reciclar hasta el papel de cocina, y nadie hace nada para que de las registradoras de los comercios no salga papel como para escribir en él cien veces los Episodios Nacionales. Cuando el ministro de Muchachada Nui, Sebastián, me mande mis dos bombillas de bajo consumo, se las voy a devolver envueltas en un par de tickets de cafés.


El show del supermercado

11 enero 2009

En un supermercado de barrio es donde mejor se ven las rarezas que se nos van poniendo con la edad. Ayer sábado, delante del cajón del pan, pegada como una lapa, una señora mayor se ha tirado más de cinco minutos eligiendo barras. Pensé que las querría blandas, o calientes. Pero no. La mujer ¡las estaba midiendo! Como si la bicoca fuera dar con dos de tamaño descomunal, fruto de un golpe de suerte lotera. Manoseó todo el cesto para cargar al final con dos como las de todo el mundo. Explícale tú a la buena de la señora que los panaderos no hacen las barras de varios tamaños ni por error porque no son tontos. Luego, en la caja, un paisano también ya con cierta edad estaba empeñado en darle a la hebra con la cajera a cuenta del parecido de otra de las empleadas con una actriz de CSI. Que si el pelo igual, que si los ojos, que si el porte, que si la expresión. Tres clientes duró la chapa. Y el colofón lo puso la encargada, que no tiene años pero sí mucha gracia, cuando le preguntó a su compañera de caja, literalmente, “quién hay por ahí que no esté”. No sé si el que no estaba debía estar, pero ambas cosas a la vez, estar y no estar, parecen difíciles. Ay, que bueno. Hasta comprando puedes estar a la vez en el circo.


Ya sé por qué cambia el precio del globo terráqueo

7 enero 2009

Vaya. Pregunté en esa tienda del barrio la razón de la fluctuación del precio de la esfera del mundo, y me encontré una respuesta sencilla muy acorde con los tiempos: un error informático. Nada sofisticado, algo tan prosaico como un fallo en el sistema. Que decepción. Semanas soñando con una fórmula de cálculo que pusiera en relación el coste de la bola con los precios del oro o del petróleo, o de la cotización en el mercado de futuros de materias primas del plástico o del papel couché del mapa. Incluso a una pugna entre la potencialidad de ventas en Europa frente a China. Pero no. Un error informático. Una mala programación. Ceros y unos mal encaminados. La chapuza tecnológica que me ha privado de un post digno de las páginas del suplemento económico de El País ha tenido locos a los chicos encargados de actualizar los precios. Todos muy amables al atender mi pregunta, por cierto, entre perplejidad y risa supongo que por una consulta un poco friki. Ahora mirar al escaparate ya no será lo mismo. Ha caído la magia de un suceder misterioso y acampa la vulgaridad de su explicación entre los papeles de los precios y los productos. Si lo sé, no pregunto nada y hubiera podido seguir alimentando mi imaginación con mil posibilidades a cual más loca y disparatada. En fin. Es la vida, todo demasiado sencillo, demasiado corriente, demasiado real.


Los jefes de escalera (y de garajes)

5 enero 2009

Todo buen edificio de viviendas ha de tener un jefe de escalera gilipollas. Y si el de los garajes también lo es, la carambola patética es completa. Nunca he logrado entender qué mueve a un vecino a querer ser presidente de la comunidad. Siempre me ha parecido que es una labor para jubilados, gente sin vida social y aburridos, que se creen que la mierda del cargo les da alguna relevancia entre sus vecinos. En el barrio de mis abuelos, donde me crié -en Porrúa– tenían contratado a un señor para meter miedo a los chavales y que no pisáramos los jardines ni las zonas de hierba. Algo así me parece a ratos el jefe de escalera. El que riñe si dejas bolsas en el descansillo, llamas a los dos ascensores a la vez o no cierras bien la puerta del portal. A veces, también asume el papel del listo que sabe de leyes, derechos y deberes, y que embarullado entre conceptos que no entiende pero usa con desparpajo, es palabra de Dios con las cosas comunes. Una desgracia, en cualquier caso, que provoca más problemas de los que resuelve, y que se ocupa de tonterías que casi siempre tendrían mejor solución sin el concurso de un imbécil que se cree delegado del gobierno.

En mi garaje tienen un contencioso con uno de los bloques del edificio a cuenta de una filtración de agua. Parece ser que una gotera por un tejadillo mal impermeabilizado ha estropeado el motor de la puerta de salida. El presidente ha exigido a la administradora del edificio que arregle el problema, además del pago del motor roto. La administradora se niega a la obra, y el presidente ha decidido que se va a enterar la señora, porque no piensa cambiar el motor hasta que no reparen la filtración. Y hasta que eso pase, los sufridos usuarios tenemos la puerta bloqueada y un único punto de acceso. El tío se ha quedado tan ancho, como sí su decisión fuera el no va más de la presión, cuando lo que de verdad es es una putada que a la administradora le da risa porque ella no guarda allí su coche. Este es el tipo de cosas que además de dejarme con la boca abierta cuando las conozco, me reafirma en la idea de que el más tonto del grupo termina siendo el jefe.

(Llevamos dos meses con la puerta inutilizada, un peligro que nos tiene a merced de que la otra no se rompa también y no podamos sacar los coches o meterlos. Y parece que la cosa va para largo, que el bobo este no cede).


¿Ciudad Europea de la Cultura?

4 enero 2009

Jajaja. Me acaba de preguntar un conocido si Santander tienes posibilidades de que la seleccionen Ciudad Europea de la Cultura. Le he dicho que sí, que exactamente las mismas que tengo yo de que me hagan embajador en Roma. Pobre, que ingenuo.

Santander tiene UN museo de pintura, a mitad de camino entre el salón de una aristócrata viuda venida a menos y el de bodas de cualquier complejo hostelero de carretera. Tiene UN Palacio de Exposiciones, con más espacio que eventos, mal estructurado, peor gestionado y más pretencioso que útil. Tiene UN cine carísimo de mantener con una programación que está así como para cubrir el expediente y hacer el caldo gordo al dueño del local. Y… Pues eso tiene. Porque la Feria de Toros no cuenta, que es de segunda y sólo para enchufados con entrada gratis -los demás hacen colas y pagan a riñón las de todos-. Y esas cositas de calle que se hace en verano las ves en cualquier pueblo con una asociación de vecinos que se lo curre. Porque lo de los grupos musicales en el Auditorium, la Porticada o la plaza del Ayuntamiento no cuenta, que es de otro planeta. Así que con estos mimbres no hay ninguna duda de que NO SEREMOS CAPITAL CULTURAL. A lo más que podríamos llegar es a teloneros de tercera.

Tienen mucho trabajo en el departamento de Cultura municipal -puede que hasta crearlo- si quieren pergeñar un programa en condiciones. Y si no incluye concursos de tortillas, fiestas de disfraces o un premio de Flor o mús, casi que mejor.


Sanidad en Cantabria

2 enero 2009

Con razón dice mi Amigo Paco que no me he ocupado nunca del tema de la Sanidad. No sé bien por qué. Quizás porque es un asunto muy técnico, de tintes corporativos, del que sólo se saca jugo del charcarrillo de las salas de espera -toses, abuelos, revistas viejas, más abuelos, eso ya lo tuve yo, lo mejor es tomar no sé qué, yo vengo por recetas pero le voy a comentar que, él último para el doctor Fulanito?-. Yo voy poco. Mi médico me trata bien, pero prefiero verlo lo justo. No aguanto la espera, y como cuando me encuentro mal siempre creo que es un tumor o un cancer incurables, pues para qué ir -en realidad, a mi me gustaría un chequeo con Tac, electros y mil análisis que descarten que me voy a morir en el medio plazo, pero la Seguridad Social a los que piden eso les llama pirados y les receta Lexatin-. Total, que voy a ver sí me informo de las cosas estas de los médicos y escribo algo poniendo verde a los gestores, a los galenos y a las enfermeras. Seguro que algo encuentro, y si no me lo invento.


A %d blogueros les gusta esto: