La bola de precio cambiante

Hay una macrotienda nueva en la calle Castilla que me tiene enganchado con un artículo del escaparate. Es una bola del mundo pequeña que como si fuera el Ibex tiene precio fluctuante. Se mueve de los 9.95 euros a los 10.49. Unos días un precio y otros días otro, y luego vuelta. Me tiene perplejo, hasta el punto de que ya he decidido entrar a que me expliquen el método que siguen para determinar estos cambios. La primera vez que noté este baile me dije que vaya con la crisis, que había hecho cambiar el precio en apenas cuatro días. Pero cuando después de otros cuatro volvió a bajar, lo que supuse es que me estaba equivocando de modelo, que serían dos distintos. Pues no. La bola es todo el tiempo la misma. Lo que cambia sin razón aparente es lo que cuesta. Y así lleva desde que abrieron en septiembre. He llegado a pensar en mi obsesión si no será una técnica para averiguar si los viandantes miran el escaparate. Si es así, conmigo han dado, que vigilo el precio de la jodida esfera del mundo como si fueran mis acciones del Santander. Prometo postear lo que averigüe, porque con está intriga yo no me quedo.

Un buen amigo me pide que le de caña al cardenal Rouco por esa fiesta católica que se ha montado en Madrid con el rollo de la familia, pero no merece la pena. Estos señores de la Jerarquía tienen el norte en donde los demás tenemos el culo, y siguen en sus trece de pretender que sus doctrinas sean únicas, universales e indiscutibles. Y que además todos nos las traguemos porque sí, porque lo dicen ellos. Es para morirse de la risa leer al obispo de no sé donde -en realidad da igual de dónde sea y cuál de todos los obispos sea, porque todos dicen las mismas tonterías- negar al Gobierno el derecho de explicar a los jóvenes los peligros del sexo no seguro y aconsejarles el uso del preservativo. Claro, todo al tiempo que el tipo este pontifica desde su púlpito sobre los valores sagrados del matrimonio. Entre hombre y mujer, que a ellos la legislación que obliga a todos -la que permite el matrimonio entre dos personas del mismo sexo- se la trae al pairo y ni la reconocen ni la respetan. He decidido no ocuparme de estos sectarios, aunque vive Dios que voy a convertirme en un prolaicista activo en lucha por expulsar de la vida pública cualquier atisbo de presencia religiosa, especialmente de la católica.

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