Principio de Peter, motos y segunda actividad

Dice el Principio de Peter que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. Es decir, que como a la hora de ocupar nuevos puestos la tendencia es fijarse en la propia organización, termina seleccionándose para responsabilidades superiores a aquellos que siendo eficaces más abajo se cree lo serán también más arriba. El principio está contrastado, y cada uno atesoramos (y sufrimos) un par de decenas de ejemplos en nuestros entornos laborales. A veces, que el inútil sea el jefe también tiene que ver con la capacidad del elegido para adornarse con plumas ajenas, y hasta con una sonrisa de dientes muy blancos que deslumbran tanto que un curriculum mediocre y dos medallas parecen másteres y el no va más de la preparación. Dice un amigo mío que él cree que algo así debió suceder cuando se realizó en Santander el concurso para seleccionar al máximo responsable de su Policía Local.

Me ha contado el primo de un agente de movilidad que anda el jefe policial enfrentado con ellos a cuenta de los pluses de turnicidad, que es un complemento que por lo visto deberían cobrar relacionado con su trabajo a turnos. En realidad parece que el contencioso es con el concejal de Personal, que no suelta los dineros aferrándose a no sé qué lío con unas letras del reglamento que regula sus funciones. Pero como las represalias que sufren se las impone su jefe directo, opino yo que tan culpable es el uno como el otro. Claro que el jefe ya se las apañará para eso del “pío pío que yo no he sido”, que tan buenos resultados le viene dando desde hace años para irse siempre de rositas mientras otros se llevan los chorreos.

Al genial del excomandante no se le ha ocurrido otra que quitar a los agentes de ir en moto cuando llueve por si se caen, que él no quiere ser responsable (qué raro) de accidentes. Tampoco deja que vayan los policías, pero mientras que estos tienen coches para patrullar, los agentes de movilidad tienen que hacer su trabajo pateando la calle. Como no soy experto, no diré que la medida no tenga su lógica, pero a esperpento ya suena un poco. Porque por esa regla de tres, quizá si hace frio no debieran salir para no resfriarse, y tampoco si hace sol por no pillar una insolación. De todos modos, en el entorno de un conflicto laboral, lo de obligarles a ir de un sitio a otro sin moto los días de lluvia, que ahora en Santander son muchos, tiene todo el brillo de la navaja de la venganza.

No es este el único frente que el jefe tiene con sus guardias. Desde hace meses se la tiene jurada a los policías que custodian la Casa Consistorial, a los que he sabido por otro primo mío que les niega vacaciones, libranzas y hasta castiga con dias sin sueldo por reclamar lo suyo, que es como mínimo respeto. Aquí la cosa tiene que ver con la segunda actividad para los agentes que cumplen una determina edad, un cambio de ocupación a la que tienen derecho por ley y que el bueno del entorchado tiene atravesada. Saltándose a la torera la legislación, se ha inventado que vigilar el edificio del Ayuntamiento puede ser esa segunda actividad, y ahí tiene a los agentes a los que se les concede haciendo labores que corresponden a policías pero que hacen los que lo eran y dejan de serlo, en un batiburrillo chino de policías y policías-no-policías de los que evidencian que Peter con su principio tiene más razón que un santo. La misma que espero les den los tribunales a estos guardias, que bien merecerían, como el resto del cuerpo, un mucho mejor jefe.

(PD. No tengo duda ninguna sobre lo que mis amigos y mis primos me cuentan, como tampoco la tengo sobre el carácter apocado pero vengativo de los jefes que ascienden siguiendo el Principio de Peter).

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