Plan de sábado

El sábado se me ocurrió la feliz idea de ir a tomar algo a uno de nuestros locales de siempre. Madre mía, bendita la hora.

Alucinante la evolución negativa del pub. Es cierto eso de que algo malo siempre puede ir a peor. Lo de quedarte pegado al suelo, siendo malo, no era lo más malo. La peste a tugurio cerrado, mezcla de rancio y alcantarilla, y la mugre que corría por mostrador y neveras dan fe de cómo un negocio mal cuidado puede irse a la mierda a la misma velocidad que se le escapa el agua a la bomba del retrete. Con lo que ese sitio ha sido cuando todavía éramos rubias…

Y terribles las ordas de adolescentes por la calle. Cientos, en bandas de decenas, con unas castañas toledanas, destilando tanta agresividad como testosterona. Dan un huevo de mal rollo, generan inseguridad. Será que me hago viejo, pero con cada pasar por entre un grupo de ellos se me ponía la piel de gallina y se me soltaba un poco la tripa. Además están por todas partes. Incluso en lo que siempre fue territorio de treintañeros y cuarentones. Un espanto nada recomendable para un alma sensible como la mía -lo que viene a querer decir que me da por el culo el ruido, el bullicio y el desorden que acompasa el disfrutar del sábado de estos colgados-.

Ah, qué de sábados me esperan tirado en el sofá viendo series en dvd. Y la próxima ocurrencia de este pelo que la tenga Rita.

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