De coñazo

Estoy con el pobre Rajoy. No en lo de que el desfile militar del día del Pilar sea un coñazo, que a mi me parece fantástico. Es un entretenimiento de lo más vistoso, y las líneas rectas de la formación hacen las delicias de cualquiera de mente cuadriculada como la mía. Tanques, cohetes, motos, caballos, muchos soldados y uniformes, la cabra de la Legión -con boina y todo que no se le cae-, y hasta tropa vestida de moro. Una chulada. No. Estoy con Rajoy en que es una putada que te pillen poniéndole los cuernos a tus principios patrióticos, esos mismos que a él le dan como rédito electoral el voto de la ultraderecha tramontana. Menuda mala suerte que un micro abierto te deje en pelota picada ante toda España. La misma, por cierto, a la que el líder del PP llamó a la adoración nacional en ese delirante y ridículo vídeo de hace un año por esta misma celebración.

Estas cosas pasan por lo que pasan. Primero, los sencillo, por no tomarse la molestia de ser precavido, que es tan fácil como mirar esa lucecita del micro, de color rojo, que significa encendido -la falta de atención es la más abominable causa de desgracias que puede haber-. Después, por ser tan descarnadamente sincero con un amigo. Que no digo yo que no haya que serlo, pero también que se puede dejar para la hora del aperitivo en la tasca que toque tomarlo, en la que seguro que además a estos señores les invitan. Y en definitiva, pasan por no tomarse en serio a los españoles y andar por la vida diciendo una cosa y la contraria, hoy chaqueta mañana jersey, según sople el viento de la conveniencia electoral, sacando del baúl de los valores el de mejor acomodo a la situación.

De todos modos, a Rajoy le pagan por aguantar coñazos. Estaría bueno que los representantes de los ciudadanos pudieran elegir sólo charanga y pandereta, y dejaran las mortificaciones para chóferes, asistentes y escoltas, o incluso para quienes les hemos elegido. En su sueldo de líder de la oposición va lo guay y lo menos guay. Hasta lo nada guay. Y si no le gusta, que le eche azúcar, que pasará mejor.

Para el año que viene le propongo que ceda su sitio en la tribuna de enchufados de primera fila a cualquiera de los cientos de niños que se pirran por ver el desfile, y su sueldo de octubre a cualquiera de los cientos de padres que se pirran por llegar a fin de mes. Así estará servido, y no tendrá que ir de coñazo. El paquete de Navidad del Congreso me lo puede mandar a mi para agasajar a mis padres, que le estaré muy agradecido y y quizá le sirva para librarse también del coñazo de tener que dar las gracias por llevárselo crudo, o de pedir a un propio que se lo acerque hasta casa.

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