El que pierde con el congreso

Me había hecho promesa de no escribir nada sobre el congreso del PSOE, pero hay un personaje que hace inevitable siquiera una reseña. En política, como en todo en la vida, hay que saber estar a la altura de las circunstancias. Ya tengo dicho que quien no tiene educación, ni aguante para la crítica, no vale para esto. Y si a eso se suma la inconsistencia intelectual y la falta de miras, pues se tiene a Juan Gimerans. Juan la ha pifiado en este congreso. Por mucho que estire la espalda y se suba el pantalón, o tuerza el morro como si fuera un premio Nobel constante, Juan no tiene capacidad para liderar nada que no sea su propio fracaso.

Pactó con una candidata, se lo llevó crudo en detrimento de los leales de siempre, se le dieron fotos y titulares para hacerle alguien, y al final pegó la espantada, como hacen los mediocres incapaces de aguantar el tirón y a los suyos. Supongo que con esos aires de grandeza que Juan se da, en la negociación habrá pedido la luna y dos más, a cambio si acaso de cuatro papeles de estrategia de partido de saloncito de casa rural. Y lo que es la vida, le han respondido con una pedorreta de padre y señor mio. Dirá ahora que le han mentido, que le han engañado. Pues si así ha sido, en el pecado lleva su condena, por lila. Aunque yo creo que más bien han sido su soberbia y creerse de verdad que representa algo más que a sí mismo y a tres más lo que le ha llevado a ser el único que ha perdido en el congreso.

Juan es un iluminado de la política que no será capaz de darse cuenta de que el futuro y él parecen incompatibles. Cuando toque hablar de Santander, espero que esta vez si sepa estar donde hay que estar en los momentos importantes, y se haga a un lado con la misma dosis de generosidad que luce de mala educación y chulería. Como compañero de viaje tampoco da ya más de si, que los número cantan y en su caso lo que suena es más de lo mismo: incapacidad y a la contra.

(PD. Y si por pensar y escribir lo que pienso alguien tiene la tentación de marcarme en negro, qué le vamos a hacer. A mí siempre me quedara esta dignidad de la palabra, esa misma que alguno ha ido perdiendo por el camino si es que alguna vez atesoró algo de ella)

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