Ruido, gominolas y vacaciones

Los jóvenes han recuperado aquella vieja moda de escuchar música en abierto llevando un al hombro. Ahora usan los móviles. A todo trapo y en todo lugar. Da igual bus, metro, plaza, café o súper. Puede que incluso patio de instituto. Se suman así a esa terrible plaga del siglo que es el ruido. Hoy si algo no pita, chirría, ruge o retumba, o está estropeado o no es moderno. Se habla a gritos y se conversa a voces. Se escucha la tele al máximo y se lleva la radio en el coche a todo trapo. A los que nos molesta el asunto nos llaman “jo, qué sensible” y nos dicen que “a joderse toca”. Y eso toca, aguantar mecha, y lorochunda-chunda, y la mala educación, que también es un mal muy extendido de este siglo.

Están las golosinas casi a euro y medio los cien gramos. Como el litro de diésel, vamos. Cuando yo era chaval, en el colegio había un kiosco que vendía chuches. Lo regentaba Modesto, que hacia también el mantenimiento de los edificios. No tengo yo el recuerdo de que comprar regaliz, nubes, caramelos de pica-pica o conguitos fuera entonces tan caro. Ahora hay más variedad -venden una cosa que llaman cerebro, de color grisaceo y con algo rojo dentro- pero eso no justifica estos precios. Imagino que las pagas de los chiquillos se van en un suspiro al pasar por la caja de los selfservice de las gomibayas. En cuanto los chinos descubran el negocio y hagan cuentas, se les acabó el atraco a las tiendas en cadena. Porque los chinos se han traído de China el trabajo a destajo, pero también que en tiempo de crisis o se atempera el afán por ganar o se pierde todo.

El cruel invierno está a la vuelta de la esquina. O a la de mis vacaciones, que comienzo con el mes. Me voy 8 días a repartir entre Córdoba y Granada, y cuatro más para hacerme a la idea en Madrid. Probablemente pase calor, pero de vacaciones eso da igual. Lo importante es poner distancia con lo importante y sobrevivir unos días en lo superfluo. Y descansar y pasar de todo.

(Postdata. Al fin han hecho algo a Juan Gimerans. Yo no pienso recuperar su saludo, que ahora buscarán muchos. No soy políticamente correcto, pero sí un poco rencoroso. Casi tanto como él maleducado e histriónico. Qué le vamos a hacer)

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