Borrachines organizados

Dicen que se ha muerto “el papa”. Así le puso de nombre mi compañero Orestes al que ejercía el mando de los desarrapados que viven en la plaza de la Estación de Autobuses. Hasta los más miserables tienen una organización social. El “papa”, con barba, gordote, y que siempre parecía el más sereno de esta microsociedad de tirados de la vida, impartía la justicia, ponía orden, recaudaba fondos para la bebida, y actuaba de portavoz y contacto en caso de necesidad. Como cualquier jerarca de cualquier estado, vamos. Sin democracia, por supuesto, pero a partir de una suerte de respeto que este tipo se ha ganado vete tú a saber cómo.

El caso es que el jueves por la tarde le dio un soponcio, cayó redondo y ahí se quedó. Eso se comenta en los arrabales de la estación. Desde ese día, el número de borrachines ha descendido. Y los pocos que siguen en este hábitat están como retraídos, como más encogidos. Tocarán ahora elecciones locales para elegir nuevo “papa”. Porque así son las cosas también en este mundo: a rey muerto, rey puesto. Ojalá la campaña sea más limpia que en algunos países. Carteles y anuncios y debates vislumbró que no habrá, aunque me doy por satisfecho si tampoco hay insultos, amenazas y juego sucio. Y que gane el mejor (el más sereno, o mejor dicho, el que más consciencia mantenga después de una buena cogorza).

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