Vender sin pretender vender (Santander sigue en 0)

Unos chicos con chalecos de Cruz Roja se llevan todo lo que va de verano asaltando paseantes en la calle Burgos para “venderles” hacerse socios de la ONG. Ellos dicen que no venden nada, y hasta se ofenden si se lo insistes mucho. Pero venden. Usan técnicas comerciales (muy agresivas a veces) y elaborados argumentarios. Ni siquiera pertencen a Cruz Roja, sino a una empresa contratada para subir el número de cotizantes mensuales. De no ser, no son ni siquera de Cantabria, que los han traido de fuera. Pero ellos, después de pedirte un minuto, los primero que hacen es decirte que no venden nada. Y luego todo eso de la solidaridad, el quitarte un café al día, la labor social de la organización, y bla, bla, bla. Les he escuchado dos veces la historia, y huido de ellos para no escucharla mil. Hasta una vez una de las muchachas se molestó conmigo y me puso de hoja perejil porque le dije que no antes de que soltara la entradilla del ataque.

No critico que traten de hacer más amplia la cuenta de ingresos de Cruz Roja. Para nada. Pero no entiendo a qué viene negar la mayor: que venden. Venden Cruz Roja. A cambio de unos euros mensuales (creo que son 30, pero no estoy seguro, nunca he aguantado hasta esa parte), el cliente-socio se lava la conciencia, y tiene un carné que dice que es socio de una ONG. Eso ni es ilegal ni encubre nada. Si lo que pretenden es distanciar su trabajo del del telemarketing telefónico de los bancos y sus tarjetas de crédido, o del señor de los libros por las casas, se confunden. Les une la técnica dirigida a un resultado: sacar pelas a cambio de lo que sea. Ah, y que son un poco plomos, pero eso forma parte de la profesión, supongo.

(Post-it. Madre mía, que de ruido mete la juventud. En cuanto se juntan más de seis quinceañeros ahogados en hormonas, no hay Dios que aguante diez minutos a su lado. Claro, que ahora que lo pienso debe ser también que me estoy haciendo mayor -esto es ponerse la venda antes de la herida, que nos conocemos todos, aunque lo que de verdad pienso es que los jóvenes son un coñazo-).

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