Como me aburro en Santander, me voy de puente

Me voy a pasar la fiesta de la virgen que sea y el fin de semana a Madrid (“¡hala, qué calor vas a pasar! ¿cómo se te ocurre?” es lo único que sabe decirme la gente). Me cansa tanto Santander para mi ocio, me aburre de tal manera, que prefiero 30 ó 40 grados en Madrid. Allí sobra de todo, y falta tiempo para no querer volver.

Aprovecharé para ver tiendas que aunque son como las de aquí no parecen tan de provincias. Pasearé por Gran Vía, veré los puestos de compra-venta de sellos y monedas de la Plaza Mayor (me encanta ese sabor a antiguo de los vendedores y de sus mercancías), tomaré cerveza en las terrazas de Chueca, cenaré en los selft-services y en MacDonals y en VIPS y en Rodilla, visitaré FNAC (como Estudio pero en plan multinacional), veré músicos en la calle (aquí les persiguen) y en el metro, saldré de pubs y discotecas, y me tocaré las narices entre los vapores de la canícula a la salud de Santander y su enorme coñazo.

Y el lunes aquí otra vez. Al Paseo de Pereda (la Cañada Real lo llama mi amiga Mónica), al Doménico o al Café de Cándido (en los dos sitios estoy muy a gusto), y al bullicio silencioso de esta capital de provincia a la que sólo le faltan los carros de caballos de fines del XIX. Tampoco creo que nadie me eche de menos (salvo mis padres, que me dan de comer y a los que les gusta que suba a su casa cada día), ni yo que tampoco lo haga con nadie. Si acaso mi vecino podrá notar la ausencia, y poner la tele para que se oiga por todo el barrio sin que yo me cague en sus muertos (y sin los oportunos tres gritos que se lo recuerden).

Feliz fiesta, y mejor fin de semana. Ojalá haga buen tiempo y podáis ir a la playa, porque si no en los centros comerciales que os veo ojeando ropa.

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