Cómo crear una asociación de vecinos

Hoy propongo un experimento: crear una asociación de vecinos.

Primero hace falta encontrar a un lerdo, o a una lerda, y convencerle de que salir en la prensa diciendo que hablar por todos los vecinos de su barrio le va a dar fama (el argumento de que habrá susurros en el super a su paso por las cajas suele ser suficiente). Luego, hay que sacar al presidente-presidenta en un reportaje en un medio afín al promotor de la asociación con unas bonitas fotos con gafas de sol y ropa de ir a misa (el contenido da igual, que ese ya se mandará luego por e’mail). Y para acabar, se le pone al tonto/tonta de turno un despacho de madera y metracrilatos en un local, a poder ser de los que pagamos todos, con salita de recepciones para que pasen las amigas y los amigos a eso de “hay que ver, que con qué gusto lo tienes todo”. Y ya está, asociación creada.

Lo confieso. Esta receta no es mía. Es lo que hacen los que mandan en una institución cualquiera (un ayuntamiento, por poner) cuando los colectivos sociales no les rien las gracias ni les hacen la clá con cada ocurrencia. Así la maquinaria del poder se pone al servicio de contraponer a los vecinos organizados desde la ilusión de otra asociación que en realidad no representa a nadie (por ejemplo, una nueva en cualquier barrio populoso al borde del mar en una ciudad con puerto), y que tiene a un palaganero/palanganera de vocero programado. Se junta el hambre con las ganas de comer, y las malas artes del que manda con esa necesidad en algunos tan humana de resarcirse el ego.

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