Meritorio Juan

23 agosto 2008

Hace un par de meses, hablando del congreso regional del PSOE en un artículo de opinión, llamé a un precandidato a secretario general meritorio de meritorio. Y se enfadó como una mona. Hasta me ha retirado el saludo. Es todo un personaje Juan Gimerans, que debería suavizar ese carácter. Quizá yo también debiera, que lo tengo un poco fuerte, pero yo no me presento para dirigir un partido en el gobierno, para lo que se supone hacen falta temple y cierto sosiego. Si con mi apreciación, entonces de lo más inocente, pierde la educación qué no hará cuando le menten a un pariente.

Lo mío no era un insulto. Más bien dejaba constancia de una trayectoria y de una posición. Juan lleva años queriendo ser un referente de algo en el PSOE. Se lo curra, pero llega a donde llega. Dar coces y perder los papeles tampoco habrán de llevarle más allá. Conmigo, que no pinto nada pero tengo un voto, no tiene nada que hacer. Dejarme la mano colgada por llamarle meritorio demuestra cuánto puede Juan dar de sí. Sus discursos serán tan pretenciosos como quiera su pluma. Su proyecto, tan ambicioso como le de el corta-y-pega del Word. Pero sin cintura no estará nunca a la altura. Ni dejará de ser un meritorio.

He leído en la prensa que Juan está estos días en conversaciones con la gente de Lola para unir esfuerzos. Bueno, es normal. Los 128 votos que tiene de los casi 4.000 posibles son más que nada. Aunque imagino que no den para tanto como se dice, ni como él pretende. O no debieran, porque tampoco son muchos.

Ir de divino tiene sus riesgos. El más grande, no serlo. Pero con humildad pasa por el coladero todo. Juan Gimerans no es humilde, ni tiene espaldas para la crítica. Y así no se puede ser secretario general. Ni eso ni nada. En cualquier caso, le disculpo el feo, que no es ofensa pues no ofende quien quiere sino quien puede.


El mundo está loco (I, por si acaso)

21 agosto 2008

Unos ecologistas le han pedido al Papa que deje de usar armiños en sus ropajes de gala. Supongo que se refieren a esos ribetes blancos que se le ven en alguna prenda, como en el gorro de Papá Noel que lució hace dos navidades. Como que a la Iglesia sólo habría que exigirle que sea más ecologista. Hace falta ser ingenuo como para pensar que a la Iglesia no se la chuflan estas peticiones, como tantas otras mucho más sociales. Por ejemplo, que condenen con más contundencia los abusos de curas a niños; que pidan perdón por su apoyo a las dictaduras (no recuerdo que Rouco o Cañizares lo hayan hecho por llevar a Franco bajo palio); que se compadezcan de verdad, y no de boquilla, con las enfermedades del tercer mundo, y no del tan tercer, como el SIDA; que dejen en paz a las mujeres que abortan, o tienen hijos solteras, o los tienen y no se casan; que abandonen el insulto y el desprecio a gays y lesbianas… Ah, y que se financien como puedan, pero con el dinero de los impuestos de todos los españoles. A la vista de esto, como para preocuparse de los pellejos de un bicho en el cuello del Pontífice.

El presidente Revilla va teniendo los tics de un abuelillo. Que se está quedando ga-gá, vamos. Mi abuelo también hacia cosas como las de Revilla cuando ya era muy mayor y se lo comía una demencia senil. Lo peor no es que cante a voz en grito el himno en las ceremonias, o que bese cada bandera de España que ve (cualquier día hasta las de los hoteles). O que pegue esos abrazos que pega, o adivine de qué cosecha son las anchoas con los ojos cerrados. Ahora ha dado a conocer un estudio de no sé dónde que dice que dice que el español nación en unas cuevas de por aquí. Que será verdad, que no digo yo que no, pero que tampoco es como para volverse loco y hacer monumentos. Entre otras cosas porque no importa donde naciera el idioma sino qué se hace para defenderlo y lustrarlo cada día más. Me veo a Revilla montando excursiones a las cuevas esas y creando allí un Centro de Interpretación de la Lengua. Y a él dando las primeras lecciones a los grupos de visitas.

En Pekín, la capital de esa cuna de la democracia y los derechos humanos que es China, no han dejado que la bandera de España ondee a media asta por la desgracia del avión accidentado en Barajas. Vaya con los dirigentes internacionales del deporte, cuánta compasión, qué corazones que nos les caben en el pecho. Supongo que la gente del COE es gente del COE porque es comedida, pero estoy seguro de que yo, en pleno calentón, hubiera hecho dos cosas. Una, bajar la bandera en señal de duelo y solidaridad. Y dos, mandar a la mierda a más de uno con un buen corte de mangas. Ya me parecía a mí que todos esos jefecillos del pomposo Comité Olímpico Internacional (están todos gordos como si no hubieran hecho deporte en su puñetera vida, por qué será) no superaban las pruebas de caridad y decencia.


Estoy conmocionado

20 agosto 2008

Estoy conmocionado. El accidente de Barajas es terrible, desolador. Las imagénes de una madre hablando por su móvil y diciendo que el avión que se ha estrellado es el de “su niña” me han partido el corazón en dos. ¡¡¡ Qué horror, qué horror !!!

Yo soy un cagao para casi todo. Dono plasma, y el momento del pinchazo es del mayor sufrimiento físico para mí. No voy a la playa por no correr el riesgo de quemarme con el sol. Cualquier dolor de cabeza o de un brazo son una embolia o un infarto. Por supuesto, no hago deporte ni someto mi cuerpo a más peligros que los de subir en un ascensor o viajar en coche. Había superado el terror a montarme en un avión. Hasta conseguía dormirme durante el vuelo si estaba muy cansado. Pero ahora…

También parezco un enamorado del sufrimiento del alma. Recreo los peores momentos que vivo para sentir una vez y otra las punzadas del pánico. Llevo toda la tarde recordando mis últimos viajes en avión. A Londres en julio, o a Madrid en junio, o a Fuerte Ventura en abril. Y me cago vivo, que se dice. Cómo te sueltas ese puñetero cinturón, o sales corriendo por esos pasillos tan estrecho, si es que superas a tu compañero de embutimiento en los asientos. Dónde están las puertas, quién las abre, por dónde se salta, qué se hace con los heridos, dónde hay extintores… Si en circunstancias normales a los diez minutos de despegar ya no te acuerdas de las explicaciones “siguiendo normas internacionales de aviación civil” sobre todos esos elementos de seguridad que te rodean, imagínate con el avión recien estrellado y ardiendo. Me mareo solo de pensarlo.

Tengo reservas para noviembre a Barcelona. Y en septiembre he de volar a Madrid a un par de reuniones de trabajo. Dicen que el avión es el medio más seguro de viajar. Por supuesto, caen pocos. Pero cuando caen no se salva ni el tato. Es absurdo tener miedo, dicen también. Pero a mí me ha vuelto todo y de golpe, con el drama de Barajas y el de las pobres familias a 3.000 kilómetros esperando noticias o recibiendo las más terribles: que sus seres queridos son los muertos.

Que los fallecidos estén donde quieran quienes les quieren. También que las compañías aéreas aprendan algo más de este accidente para evitar otros en el futuro. Yo me acordaré de ellos, y de sus familias, si no me queda más remedio que montarme en un avión, entre los sudores del pánico y las arrugas del estómago. Pero si no monto, también. Porque su partida ha sido tan terrible como injusta, como lo es toda que no tiene causa en la vejez.


Borrachines organizados

19 agosto 2008

Dicen que se ha muerto “el papa”. Así le puso de nombre mi compañero Orestes al que ejercía el mando de los desarrapados que viven en la plaza de la Estación de Autobuses. Hasta los más miserables tienen una organización social. El “papa”, con barba, gordote, y que siempre parecía el más sereno de esta microsociedad de tirados de la vida, impartía la justicia, ponía orden, recaudaba fondos para la bebida, y actuaba de portavoz y contacto en caso de necesidad. Como cualquier jerarca de cualquier estado, vamos. Sin democracia, por supuesto, pero a partir de una suerte de respeto que este tipo se ha ganado vete tú a saber cómo.

El caso es que el jueves por la tarde le dio un soponcio, cayó redondo y ahí se quedó. Eso se comenta en los arrabales de la estación. Desde ese día, el número de borrachines ha descendido. Y los pocos que siguen en este hábitat están como retraídos, como más encogidos. Tocarán ahora elecciones locales para elegir nuevo “papa”. Porque así son las cosas también en este mundo: a rey muerto, rey puesto. Ojalá la campaña sea más limpia que en algunos países. Carteles y anuncios y debates vislumbró que no habrá, aunque me doy por satisfecho si tampoco hay insultos, amenazas y juego sucio. Y que gane el mejor (el más sereno, o mejor dicho, el que más consciencia mantenga después de una buena cogorza).


Vender sin pretender vender (Santander sigue en 0)

18 agosto 2008

Unos chicos con chalecos de Cruz Roja se llevan todo lo que va de verano asaltando paseantes en la calle Burgos para “venderles” hacerse socios de la ONG. Ellos dicen que no venden nada, y hasta se ofenden si se lo insistes mucho. Pero venden. Usan técnicas comerciales (muy agresivas a veces) y elaborados argumentarios. Ni siquiera pertencen a Cruz Roja, sino a una empresa contratada para subir el número de cotizantes mensuales. De no ser, no son ni siquera de Cantabria, que los han traido de fuera. Pero ellos, después de pedirte un minuto, los primero que hacen es decirte que no venden nada. Y luego todo eso de la solidaridad, el quitarte un café al día, la labor social de la organización, y bla, bla, bla. Les he escuchado dos veces la historia, y huido de ellos para no escucharla mil. Hasta una vez una de las muchachas se molestó conmigo y me puso de hoja perejil porque le dije que no antes de que soltara la entradilla del ataque.

No critico que traten de hacer más amplia la cuenta de ingresos de Cruz Roja. Para nada. Pero no entiendo a qué viene negar la mayor: que venden. Venden Cruz Roja. A cambio de unos euros mensuales (creo que son 30, pero no estoy seguro, nunca he aguantado hasta esa parte), el cliente-socio se lava la conciencia, y tiene un carné que dice que es socio de una ONG. Eso ni es ilegal ni encubre nada. Si lo que pretenden es distanciar su trabajo del del telemarketing telefónico de los bancos y sus tarjetas de crédido, o del señor de los libros por las casas, se confunden. Les une la técnica dirigida a un resultado: sacar pelas a cambio de lo que sea. Ah, y que son un poco plomos, pero eso forma parte de la profesión, supongo.

(Post-it. Madre mía, que de ruido mete la juventud. En cuanto se juntan más de seis quinceañeros ahogados en hormonas, no hay Dios que aguante diez minutos a su lado. Claro, que ahora que lo pienso debe ser también que me estoy haciendo mayor -esto es ponerse la venda antes de la herida, que nos conocemos todos, aunque lo que de verdad pienso es que los jóvenes son un coñazo-).


Madrid 4 (Santander 0)

17 agosto 2008

En Madrid han tomado conciencia de las propuestas del ministro Sebastián y han subido los termostatos del metro. Pero doña Espe ha querido también aquí llevar la contraria al gobierno, y en vagones alternos la temperatura es de 50 grados. Los madrileños van tan campantes, sudando lo que no está en los escritos, pero aguantando como campeones con tal de dejar a la señora por encima. Sólo faltan servicios de emergencias para las lipotimias y un revisor que reparta toallas, porque con un pañuelo no da para nada. Que tome nota Sebastián y su idea de mierda de la corbatita. Aunque puede que él tenga la culpa por haber anunciado que va a su despacho en metro, que a lo mejor Aguirre lo que quiere es matarlo por cocimiento en su propia salsa.

En las calles del Carmen y Preciados la policía y los manteros juegan al ratón y al gato. Y la salida por patas de negros, indios y chinos es todo un espectáculo, que tiene su público de turistas que se descojonan de la risa con las carreras. Yo creo que los guardias tienen la consigna del ayuntamiento de no pillarles nunca. Al fin y al cabo así el número del “que voy que vienen” forma parte de la oferta cultural de la Villa, y alemanes, ingleses y japoneses pueden contar al volver a su civilizados países que en España la policía es tonta y los pillos callejeros se la dan con queso. Por cierto, que los chinos se han hecho ya con el mercado de los abanicos. Primero fueron las barras de pan a 35 céntimos cuando en el super cuestan 70, y ahora los abanicos a 2 euros. A este paso, Zapatero tendrá que hacer ministro de Economía a un chino.

También el ambiente gay tiene sus clases sociales y su xenofobia. En el LL, por ejemplo, los transformistas sudamericanos son impenitentes con sus compañeros de continente. Ni al más imbécil de nuestros racistas se le ocurrían burradas como las que se dedican. También es verdad que unas luces, una tarima y un micro suavizan mucho el efecto, y que seguro que los chistes esconden mucho de mofarse de sí mismos y de sus propias miserias. De todos modos es un insultar con gracia, que parece que ofende menos, y que rompe de risa los pechos de los que pagamos 12 euros por dos cervezas a cambio del show.

Así es Madrid.


Madrid 1 (Santander 0)

15 agosto 2008

Pues nada, que aquí estoy sentado al Mac de mi hermano David, sin el calor prometido por los agoreros y disfrutando de un Madrid vacío en el que se está de madre. Por cierto, que me dice mi hermano que hace tiempo que no saben de las peleas de Gallardon y doña Espe. Yo le digo que lo mismito pasa en Santander, donde la única pelea que se mantiene viva es la del alcalde y el Presidente de la Autoridad Portuaria (más que nada porque los Cabezones y los Rosaineses de la oposición no la hacen, que deben andar liados con… algo, lo que sea que hagan).

La carretera tienen casi tantos cabrones como conductores. No sé cómo no hay más accidentes, verdaderamente. En los 400 kilómetros que nos metimos ayer para venirnos a este vergel de las oportunidades del ocio y la diversión, nos cruzamos con decenas de capullos a los que la vida de los demás les importa un pito. Dos me llamaron la atención, y más que por los riesgos a los que nos sometían a los demás sin conocernos, por los que hacían padecer a los que iban con ellos en los coches, supongo que conocidos y hasta queridos. Los dos llevaban niños.

Una madre (o no, pero con dos niñas chicas a bordo), después de ocupar kilómetros el carril izquierdo, se ofendió tanto cuando le pedí que me dejara pasar con el intermitente que me saludó levantando el dedo corazón al superarla y me estuvo persiguiendo hasta que tuve a bien salirme de la autovía en el enlace a Aguilar, más de 20 kilómetros después de su cortesía. Preciosas enseñanzas para dos criaturas, y muy sana carrera al límite jugándosela ella y nosotros. Por cierto, que llevaba en el asiento delantero a la mayor de las menores, supongo que para que pudiera percibir mejor que su nivel intelectual y su formación cívica era inversamente proporcionales a las velocidades que marcaba el cuentakilómetros.

El otro era un señor de esos cabezones y calvos con coches de marca muy potentes, al que hacían la gala de acompañar en el ataud con ruedas una señora y otra niñita. Se tiró toda una fila detrás de un autobús en una carreta no desdoblada (así llaman ahora a las carreteras de toda la vida, llenas de curvas, cambios de rasante y desniveles del asfalto) dando por el saco con adelantos en la raya misma del suicidio. También a mí me tocó, justo cuando yo era el primero de la fila y ya había señalizado que salía a ganar al bus. Faltó el canto de un duro para que la mala bestia me llevara por delante, o yo a ellos. Otra muestra más de que ser persona y tener dos dedos de frente no tiene por qué ser silogismo irrefutable.

Llegué, a pesar de los desgraciados que valoran en nada a los demás. Y me lo estoy pasando pipa. No he podido resistirme a comprar DM (confieso que a diario leo El Mundo Hoy en Cantabria, pero aquí no lo venden), y ver que Marcano y De la Serna siguen de luna de miel anticipada (este vez en con foto en un velero, que no debe haber nada más bucólico y pastorial en las cosas del amor para gentes de tierra con mar). Quién se juega conmigo cuánto tarda Vincentín en hacerle al alcalde otro regalo (unas motos de Protección Civil, o unas lanchas, o un camión de bomberos, aunque lo que molaría sería un ventilador de esos grandes para descongestionar interiores como el que le enseñaba el otro día en exteriores y a todo gas al presidente Revilla -un poco pueblerina la foto de las autoridades alrededor de un ventilador gigante mirando asombrados cómo el artefacto aquel daba viento-)

Mañana más, que me voy de fiesta a resarcirme de meses sin salir por Santander. Buenas noches, y que sea leve (estaba bien lo de “y buena suerte”, pero con la inflación tan alta no me atrevo).


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