Yo soy del PSOE

Para cualquiera que encuentre en el debate de las personas un reto intelectual que moviliza las ideas y del que pueden sustraerse, en circunstancias normales, eficaces consecuencias para un más óptimo funcionamiento de las organizaciones políticas, la intención de la alcaldesa de Torrelavega de presentar su candidatura a la Secretaria General del PSOE de Cantabria no debería ser mala noticia. Sin duda lo será para los que no saben hacer otra cosa que intrigar, pero no para los que quieran ver en la discusión de proyectos internos una forma de mejorar las cosas, más allá de quien los encabece.

La democracia, además de pacífica, debe ser práctica. No está su fundamento sólo en la capacidad de cada cual de hacer lo que desee en el marco de una reglas aceptadas por todos, o de expresar ideas y pensamientos con esa misma libertad. Precisa que se tenga la posibilidad de elegir, y eso pasa necesariamente porque se brinden varias opciones. Por eso, que Gómez Morante opte a ser la máxima dirigente del Socialismo cántabro en liza con Lola Gorostiaga es sano y útil para el PSOE. Sano porque la perspectiva de votar conllevará la de enfrentar las ideas y los proyectos de los candidatos, y de atisbar el futuro que desean para el partido y para la región. Y útil, porque generará movimientos de fuerzas y reactivación de intelectos, y sacará al PSOE de esa anestesia interna en la que está instalado desde que pisó moqueta de gobierno. Con independencia, además, de quien gane la pugna.

Lola y Blanca son dos políticas de raza que llevan años demostrando su valía para gestionar lo público, y para dirigir lo interno. Y van sobradas de facultades para articular sendos proyectos que ofrecer que ilusionen a los ciudadanos y revivan a la militancia socialista como herramienta básica en la difusión de la acción de gobierno y en la recepción de las demandas sociales. Hasta ahora han seguido la senda de la colaboración en la dirección del PSOE en Cantabria, y desde ahora, en el debate y en la confrontación, deben hacerlo además en la de la lealtad y en el respeto. Lealtad a las siglas y lealtad a los ciudadanos que las han colocado a cada una en su sitio, y respeto por encima de inquinas personales, de reproches y de trampas. Porque el debate debe ser limpio y de ideas para ser eficaz, y tener como único sustento el proyecto y como único horizonte el que se quiera ofrecer a los ciudadanos y para el partido, lejos de afanes personales y de luchas intestinas.

Claro que toda fuerza tiene su contrafuerza, y en cualquier grupo hay más papista que el Papa que sólo encuentran en el triunfo de su apuesta su propia supervivencia. Esto es lo único, y no poco, a lo que ambas no debieran dar opción. A que a su alrededor, y por encima de las aportaciones al análisis, al proyecto y a las propuestas, se conformen grupos de presión que quieran pasar factura a viejos desaires y retomar el pulso de un modelo de partido basado en la pleitesía y el sometimiento sin crítica. No creo que los ciudadanos entendieran ni aceptaran meses de querellas por cuotas de poder, y desde luego ni el PSOE ni sus afiliados mereceríamos que el debate fuera suplantado por la lucha por los puestos. Ejemplos del mal resultado que esto tiene nos sobran (Santander, por ejemplo).

De que la pasión en defensa de cada proyecto esté puesta en su contenido, en su contribución ideológica, en su catálogo de propuestas, en su articulación del futuro del partido y de nuestra tierra, deben ser responsables primeras las dos candidatas a la Secretaría General. Sin más límite que el que imponga la cabeza, y con cuanta pasión les deje el corazón. Pero también sin que la competencia caiga cautiva de los intereses personales de quienes las jalean. Ellas ganan, y el PSOE gana, si los perdedores de siempre no les hacen campaña.

Cuando en el PSOE de los 90 surgió la corriente renovadora, solía preguntarse a los afiliados si ellos eran guerristas o renovadores. Ahora y después, ante la pregunta de si somos de Lola o de Blanca Rosa, la única respuesta debe ser que del PSOE. Como son ellas, y como estoy convencido de que quieren que seamos los militantes por encima de filias y de fobias.

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