Ya votamos. Les toca gobernar

Ya pasó eso de la fiesta de la democracia, el topicazo con el que definen los líricos lo de acudir a votar en unas elecciones. Y ahora tocan los análisis de por qué unos suben, otros bajan, aquellos pierden, estos ganan. Vamos, lo de interpretar la voluntad ciudadana, que en realidad ya está puesta de manifiesto a través de las urnas.

Al final, ni empate técnico, ni efecto “Esperanza Victoria” (la horterada de los peperos para delicia de cualquiera con alergia a las ñoñeces del siglo XIX), ni castigo a Zapatero por negociar con ETA o romper España, ni nada de nada. Ha ganado el progreso, la modernidad y el futuro, y han perdido la Conferencia Episcopal, la Concapa, los Guerrilleros de Cristo Rey y el trío calavera (Acebes, Zaplana y Astarloa). Además del pobre Llamazares, al que ya nadie entiende y hasta los artistas más progres han dejado en la estacada, y Esquerra Republicana, que ha pagado la chulería de sus desvaríos ultranacionalistas y la mala imagen de sus líderes en todas partes perdiendo 400.000 acólitos.

Con 169 diputados y la ilusión renovada por el nuevo apoyo de la ciudadanía, Zapatero tiene cuatro años por delante para hacerse un hombre de Estado y culminar el giro social iniciado en la legislatura acabada, tan importante como tapado por el demagogo debate en torno a los muertos de ETA, la negociación, o el 11-M. Pero sin olvidar ese estilo de buen rollo que a los pesimistas por naturaleza nos pone tan de los nervios, y quizá también haciendo un esfuerzo aún mayor, si cabe, por empujar al PP hacia el centro dialogante y de consenso desde esa posición de derechas en la que lleva cuatro años enrocado.

Rajoy ha obtenido un mal resultado. Cinco diputados más es una pírrica victoria que le mantiene al sol en ese desierto tan desapacible y duro que es la oposición. Eso si los suyos no se lo comen con patatas, o no le da un arrebato de dignidad y después de perder dos veces decide que otros prueben a tener mejor fortuna. En cualquier caso, se quede él o le disputen la poltrona Aguirre y la derechona del partido, el PP debiera hacer un poco de autocrítica y tratar de conciliar algunas posiciones con la formación y el líder que sí han ganado. Eso al menos aconsejan todos esos señores y señoras que salen en la tele haciendo de analistas, y desde luego la prudencia y la lógica políticas. Cuatro años gritando en el parlamento que si ETA, que si la negociación, que si la religión y que si los homosexuales no serían nada bueno para ellos. Aunque en el fondo, allá ellos, porque lo que está en juego es su capacidad por estar a la altura en las grandes cosas, y de encontrar el punto de confluencia para eso que dicen ellos de “el bien de España”. Sano sería para la democracia, desde luego, y bueno para el país, menos crispación interesada y más sentido de Estado de quien pretende ser algún día alternativa.

Y en fin, que acabado un periodo empieza otro. Ojalá no más de lo mismo, sino mejor de todo: más progreso, más consenso, más libertad, más democracia, menos bronca, menos radicales, ningún muerto por el terrorismo, y más ciudadanía y más ciudadanos. Cualquier análisis que no llegue a la conclusión de que los españoles de bien queremos esto de nuestros políticos será un mero juego floral. Y cualquier cosa distinta que hagan nuestros políticos los próximos cuatro años, una estafa a nuestro mandato como titulares que somos de la soberanía popular.

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