¿Dimitió el Jefe de la Policía? Pues no.

España, además de piel de toro curtida al socaire de mucha picardía y muchos pícaros de guitarra y pandereta, es el paradigma del lugar donde aunque todo vaya mal, no dimite ni Dios (con perdón de la Iglesia de los obispos como el de Tenerife, pero es una expresión popular tan nuestra como de ellos el azote de conciencias desde el avasallamiento antidemocrático). Se puede caer el mundo que aquí todo quisqui, prietas las filas, se apoltrona agarrando el cuero de los sillones y el pelo de las alfombras sin pestañear, por muy responsable que sea del descalabro que toque. Sonrisa, dientes, golpe de hombros, y a seguir bien.

Hace unos meses, una sentencia judicial a favor de un sindicato con representación en la Policía Local de Santander decía que al anterior ponente del área de Protección Ciudadana en el ayuntamiento se le había ido la mano, y mucho, ordenando nombramientos y recolocando gentes aquí y allí. No tenía competencias para hacerlo, pero lo hizo. El contexto del por qué no sale en la sentencia, pero es sencillo de explicar: el jefe político estaba enfrentado con el jefe técnico, que andaba díscolo y no obedecía dictados (en realidad sí, pero sólo los suyos), lo que llevó al ponente a una relectura de poderes y a firmar lo que no podía ni debía. A eso es a lo que la sentencia decía que nones jamones, mandando colocar las cosas otra vez en su sitio. Claro que no todas, porque al concejal es tarde para exigirle responsabilidades porque ya no las tiene en el consistorio. Y al Jefe de la Policía, que las tuvo y las conserva, nadie se las pide.

Ya tengo dicho aquí que, a mi entender, las órdenes del concejal jamás debieron ser consumadas por el Jefe de la Policía. Por mucho que buscándole tres pies al gato se las ingeniara para cumplirlas sin avalarlas con su firma (algo de falta de valor para el enfrentamiento eso ya pone de manifiesto, la verdad). Debió de sacar pecho (que vale para más que para colgar el latón de las medallas) por sus hombres, pero sobre todo por la legalidad, y afrontar con gallardía las consecuencias en las que seguramente le hubiera acompañado la solidaridad de muchos (que es lo que tiene actuar bien). Me consta que era plenamente consciente de la ilegalidad de las instrucciones que recibía, lo que sigue sin decir nada bueno de una actuación (o mejor, no actuación) cuando menos pusilánime y apocada.

Cuando alguien no tiene el coraje de defender a los suyos, y se esconde en subterfugios para nadar y guardar la ropa, sobre todo en trabajos donde el buen ejercicio del mando es esencial para mantener el respeto de subordinados y garantizar la eficacia de cualquier labor, debiera marcharse a su casa por su propio pie, y si no lo hace, ayudarle con algún empujón. Y esto es lo que aquí no ha sucedido: ni se ha dado el milagro de la dimisión del Jefe de la Policía Local por quedarse silbando mientras le atropellaban las funciones, ni después de la sentencia le han dimitido porque alguien que así actúa está inhabilitado para ser el superior de nada.

Total, supongo que repuestos todos los guardias removidos en sus antiguas funciones, el Jefe sigue paseando coche oficial (el que se deja los sábados aparcado en prohibido cuando se va a la plaza con el cuento de la seguridad y las monsergas de la disponibilidad, por la que por cierto este señor bien que peleó), uniforme con dorados, y traje y corbata (al futbol a ver cómo trabajan los guardias en festivo va de sport) como si tal cosa, que no ha pasado nada y a mí plin. Nada del otro mundo, y todo muy de aquí.

One Response to ¿Dimitió el Jefe de la Policía? Pues no.

  1. Anonymous dice:

    Solo comentarte una cosa. Los guardias removidos siguen sin estar en su puesto. Pese a que la sentencia fue contundente respecto a la falta de competencia del Concejal, el Ayuntamiento ha recurrido la misma.

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