La culpa es del Jefe del Cuerpo

Que los tribunales hayan dado la razón a UGT en el asunto de los papeles que firmaba Sañudo organizando la Policía Local cuando era ponente de Protección Ciudadana en el ayuntamiento de Santander, no me ha sorprendido nada de nada. Porque yo ya lo había dicho: Sañudo no podía impartir órdenes, no era el Jefe del Cuerpo, y ni siquiera tenía competencias directas sobre él. Así que me alegro de que con la sentencia a su favor, UGT me haya ayudado a tener razón.

Lo que no deja ahora de ser paradójico es que frente a la petición de responsabilidades al bueno de Miguel Ángel, que se ocupa en estos nuevos tiempos de los asuntos del deporte municipal, nadie diga ni esta boca es mía sobre las que tiene el entorchado Jefe del Cuerpo. Y yo creo que tiene muchas, por no decir que casi todas.

En sede judicial, dice la sentencia, lo declarado por el Jefe del Cuerpo ha valido para dejar claro que aquellos papeles eran auténticas órdenes, por mucho que se disfrazaran de otra cosa. Bien está que quien tiene legalmente las responsabilidades de dirección diaria de la Policía haya ayudado a poner las cosas en su sitio. También hubiera faltado. Pero no es menos cierto que por el camino, entonces, se le quedó haber dicho algo y actuado de otro modo. Porque a toro pasado está chupado sacar pecho y acusar con el dedo, cuando lo suyo hubiera sido unirse a las denuncias, haberse opuesto a la tropelía y no limitarse a salvar la cara. Y algo más, porque fue listo como para no hacerse responsable último de lo irregular y pintarlo para irse de rositas.

Ni con el envoltorio cambiado debió el Jefe permitir que las aparentes no-ordenes tuvieran consecuencias entre sus subordinados. Debió negarse, alegando que quien pretendía ordenar no era competente, y arramblar con lo que hubiera sido. Al final, los perjudicados le han hecho el trabajo a quien miraba más a la silla que le podían mover que a que se cumpliera la legalidad, claramente vulnerada. La obediencia debida es un fútil argumento que hace mucho pasó a la historia, y al que hoy sólo se agarran como a clavo ardiendo los faltos de agallas para otra cosa.

Si se depuran responsabilidades, que debiera, el Jefe de la Policía tendría que explicarse para asumir las suyas. Y no ha de valer eso de tengo un primo magistrado, que aquí es tanto como tener un tío en La Habana. Porque no consta que se opusiera a algo manifiestamente ilícito, ni recurrió a instancias superiores, ni se sumó a la denuncia de los afectados. Se limitó a oír, ver y, como siempre, callar. Ni siquiera que por aquel entonces le hubieran retirado hasta la firma debe valer como excusa. Debió actuar, ser proactivo, y no limitarse a ver pasar el tiempo esperando que los demás le sacaran las castañas del fuego.

Hoy hay equipo nuevo, y el Jefe (en su salsa, haciendo y deshaciendo manu militare) ha recuperado el favor del mando. Y además hay una sentencia que dice cómo no pueden hacerse las cosas, porque como si hacerlas viene escrito en las normas. Con ambos ingredientes, y con cada cual llevando con dignidad su culpa por el pasado, nepotismo e irregularidad habría de ser historia.

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