La culpa es del Jefe del Cuerpo

13 noviembre 2007

Que los tribunales hayan dado la razón a UGT en el asunto de los papeles que firmaba Sañudo organizando la Policía Local cuando era ponente de Protección Ciudadana en el ayuntamiento de Santander, no me ha sorprendido nada de nada. Porque yo ya lo había dicho: Sañudo no podía impartir órdenes, no era el Jefe del Cuerpo, y ni siquiera tenía competencias directas sobre él. Así que me alegro de que con la sentencia a su favor, UGT me haya ayudado a tener razón.

Lo que no deja ahora de ser paradójico es que frente a la petición de responsabilidades al bueno de Miguel Ángel, que se ocupa en estos nuevos tiempos de los asuntos del deporte municipal, nadie diga ni esta boca es mía sobre las que tiene el entorchado Jefe del Cuerpo. Y yo creo que tiene muchas, por no decir que casi todas.

En sede judicial, dice la sentencia, lo declarado por el Jefe del Cuerpo ha valido para dejar claro que aquellos papeles eran auténticas órdenes, por mucho que se disfrazaran de otra cosa. Bien está que quien tiene legalmente las responsabilidades de dirección diaria de la Policía haya ayudado a poner las cosas en su sitio. También hubiera faltado. Pero no es menos cierto que por el camino, entonces, se le quedó haber dicho algo y actuado de otro modo. Porque a toro pasado está chupado sacar pecho y acusar con el dedo, cuando lo suyo hubiera sido unirse a las denuncias, haberse opuesto a la tropelía y no limitarse a salvar la cara. Y algo más, porque fue listo como para no hacerse responsable último de lo irregular y pintarlo para irse de rositas.

Ni con el envoltorio cambiado debió el Jefe permitir que las aparentes no-ordenes tuvieran consecuencias entre sus subordinados. Debió negarse, alegando que quien pretendía ordenar no era competente, y arramblar con lo que hubiera sido. Al final, los perjudicados le han hecho el trabajo a quien miraba más a la silla que le podían mover que a que se cumpliera la legalidad, claramente vulnerada. La obediencia debida es un fútil argumento que hace mucho pasó a la historia, y al que hoy sólo se agarran como a clavo ardiendo los faltos de agallas para otra cosa.

Si se depuran responsabilidades, que debiera, el Jefe de la Policía tendría que explicarse para asumir las suyas. Y no ha de valer eso de tengo un primo magistrado, que aquí es tanto como tener un tío en La Habana. Porque no consta que se opusiera a algo manifiestamente ilícito, ni recurrió a instancias superiores, ni se sumó a la denuncia de los afectados. Se limitó a oír, ver y, como siempre, callar. Ni siquiera que por aquel entonces le hubieran retirado hasta la firma debe valer como excusa. Debió actuar, ser proactivo, y no limitarse a ver pasar el tiempo esperando que los demás le sacaran las castañas del fuego.

Hoy hay equipo nuevo, y el Jefe (en su salsa, haciendo y deshaciendo manu militare) ha recuperado el favor del mando. Y además hay una sentencia que dice cómo no pueden hacerse las cosas, porque como si hacerlas viene escrito en las normas. Con ambos ingredientes, y con cada cual llevando con dignidad su culpa por el pasado, nepotismo e irregularidad habría de ser historia.


Me aburre esta ciudad

9 noviembre 2007

No es ningún secreto: Santander es un coñazo de ciudad. La culpa es un mix de responsabilidades, pero sobre nuestra, por no gritar que aquí hay bien poco quehacer. Tanto esfuerzo para el ocio, tanto candidato poeta, tanta derecha parquista (de parque), tanto verde de expansión, y Santander sigue sin cines, sin teatros, sin museos, sin programas para el entretenimiento, sin tiendas abiertas los sábados, sin más juerga, sin más cultura, sin más diversión. Vieja sí, cada día más, con la Cañada Real que dice una amiga mía que es el Paseo de Pereda hasta la bandera de señores ociosos por las mañanas, y de sus ociosas señoras por las tardes. Pero aburrida y sosa también, en grado exponencial al de la edad de los pobladores de terrazas frente al mar.

Y yo me aburro con ella. Nada extraordinario para hacer, ni aún teniendo la imaginación desbordada. Nos queda el periódico, un mediano en vaso, los murmullos de lo rancio, y el moho del tiempo que pasa mientras Santander vuelve al hastío y las grisuras del siglo XIX.


Ando vago, y Cabezón se diluye.

7 noviembre 2007

Estoy un poco vago. Tienen razón los que me reprochan no escribir más. Serán cosas de los ciclos vitales, o más bien de la falta de vitalidad que me provoca el cansancio por el trabajo, que ganas de decir cosas nunca me faltan.

Por ejemplo, que se nos diluye Cabezón en el grupo socialista en Santander. Al principio de legislatura, acorde con una campaña personal, anodina pero muy de foto de uno solo, Jesús Cabezón opinaba, decía, proponía. Concretaba la acción de oposición desde la izquierda. Pero con el tiempo, Cabezón se ha escurrido detrás del logo del grupo. Cambia imagen de producto (él) por imagen de marca (PSOE). Y al tiempo, otros aprovechan para meterse en el hueco, y hacerse grandes, si es que alguna vez dejaron de serlo (por ejemplo, la incombustible Rosa Inés García). No sé si será estratégico (por eso de escapar en cuanto estén distraidos), o producto del cansancio anticipado por una travesía en el desierto de cuatro años de oposición. El caso es que se nos camufla don Jesús en las sutiles sombras del somos dejando ser soy.

Mañana más (del alcalde y la pertinaz sequía).


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