Mariano sin peineta

Que decepción Rajoy en el desfile de la Hispanidad, que no llevaba peineta y mantilla. Me lo hacía yo allí vestido de español, llegando en calesa y saludando con un abanico de flores. Y se me presenta con traje y corbata, ni tan siquiera con un sombrero cordobés y unas castañuelas. Menudo patriota de salón de casino castellano…

Bromas aparte (y tópicos también, que todos sabemos que España es mucho más rica que esto, y que lo que cuatro pirados ahora quieren malvendernos), Rajoy sí que ha decidido convertirse en otro salvapatrias de esos que tantos disgustos han dejado escritos en la historia de nuestro país. Orillando al PP muy a la derecha, reocupando un espacio que tan proclive resulta a burdas llamadas sentimentales de las de golpe en el pecho, taconazo y “Viva España”, el líder popular se tapa las vergüenzas con la bandera nacional, hace suyos y de los suyos los símbolos de todos, y monta un circo-show alrededor de un peligro que no existe: la de una España sin más españoles de fe y de corazón que los que salen a jalear la enseña, o la usan para adornar balcones, vestir perritos y hasta hacerse calzoncillos.

Gracias a Dios, España tiene más españoles que los que ahora vuelven a las guardias junto a los luceros y el resplandor rojo y gualda. Rajoy se ha aupado, sin pudor ninguno y en medio de delirantes aires de grandeza, a un pobre discurso patriótico que huele a blanco y negro, y a años de victoria muy, pero que muy pasados.

Me pregunto yo si no sería mucho más didáctico y útil que el líder popular explicara a los españoles por qué su partido mantiene cautivo al Consejo General del Poder Judicial impidiendo su renovación, o qué clase de arteros movimientos están provocando en el Tribunal Constitucional para poner en crisis los adelantos sociales de la legislatura. Incluso que volviera a contarnos por qué se oponen al matrimonio de gays y lesbianas, a la igualdad en el acceso a cargos públicos para las mujeres, a la ley de dependencia, a la justicia para las víctimas del franquismo, a las oportunidades de los jóvenes para alquilar,…

Soy español tanto como el que más, pero no necesito un acto de fe de ello cada día. Y mucho menos que nadie como Rajoy o el PP vengan a darme carné de patriota si hago o no hago no sé con mi bandera de España cuando a ellos les apetezca y como a ellos les parezca. Vamos sobrados en este país de divisionistas y sectarios, de tramposos y frentistas. Los símbolos que nos unen no están en discusión, por mucho que los Rajoy, los Acebes o los Zaplana se empeñen ahora en ponerlos en un filo de navaja que sólo está en su mente y en su estrategia. Mejor se ponen a hacer política en vez de barata demagogia.

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