Anecdotario Parisienne (I)

26 septiembre 2007

Durante unas cuantas entradas del blog, y a medida que me vaya acordando, voy a compartir con vosotros esas anécdotas de viaje de vacaciones que todo el mundo tiene, que en su momento te enfada, o te sonrojan, pero que luego, ya todo pasado y el dinero gastado, dan como igual, y hasta risa.

El viaje desde Bilbao hasta el aeropuerto Charles De Gaulle estuvo bien. Mucho niño a los resort de Disneylandia, con muchos padres tan en éxtasis como ellos, pero todos controlados por esa mezcla de responsabilidad que producen el acojono del avión y la cara mitad candidez y mitad pitbull de los asistentes de cabina. No hubo aplausos al aterrizar (eso lo hacen, litearlmente, los americanos, que en mi viaje a NY el año pasado se dejaron las manos a la ida y a la vuelta), y el menú no incluía anacrados pero sí avellanas.

La gran desgracia llegó al recoger el equipaje. Imagino que con esa querencia que tienen las maletas a estampanarse solas contra el suelo desde lo más alto de las máquinas que las suben hasta la bodega, o con esa otra a volar también solas de un extremo al otro de las terminales de carga y descarga, o incluso con la malsana manía que les lleva a apretarse hasta lo imposible en los carritos de transportes por las pistas (para nada tienen concurso los maleteros del handling, que cualquier puede constatar el mimo y cuidado con las que las tratan todas, sean del material que sean), a mi maleta, la muy puñetera, le dió por romperse. Pero no un poco, sino del todo: el sistema de ruedas y manguito para arrastra se quedó en nada.

Del estupor pasé a la mala leche (y yo me gasto un montón de esa, aunque esta vez sin juramentos, que estabamos fuera), y de ahí otra vez al estupor, haciéndome esas preguntas tan estúpidas sobre por qué pasan estas cosas, quién tiene la culpa (nunca nadie), y repitiendo pasillo arriba pasillo abajo lo de “qué putada, qué putada”.

Así que lo primero que tuve que hacer cuando se me pasó todo fue poner una reclamación en el mostrador de Air France. La señorita que nos atendió (ni papa de español, claro, como en casi todo París, que debe ser porque allí no viajamos españoles al cabo del año) no dió muestras de sorpresa, por lo que he llegado a la conclusión de que debe ser muy habitual esto de que las maletas se rompan solas durante el vuelo, y de que el alto precio de los billetes es porque incluyen un porcentaje para reposición de equipajes.

Al final hubo suerte, y regresé con una maleta nueva (sólo al embarcar, porque al recogerla también tenía algunas señales evidentes de batalla) que me cambió por la rota un amable vendedor de maletas francés que se frotaba las manos, y para cuya gestión el día antes de mi regreso hube de gastar dos horas, dos viajes en metro y nueve euros de un café y un zumo.

Me queda el consuelo de que a mí no me perdieron el equipaje, como a ese pobre señor argentino que estaba también reclamando en el mostrador, y que por el tono de la piel de su cara no le quedaba ya sangre en el cuerpo después de tamaña putada.


Ya regresé

19 septiembre 2007

Pues como todo lo bueno se acaba siempre, mis vacaciones acabaron, y la terrible rutina del largo invierno de la desesperanza (tal cual en esta ciudad, madre mía, que cada día se me viene más encima) se vuelve a instalar en nuestras vidas (menos mal que gastamos mucho esfuerzo algunos en hacerlas alegres, divertidas y dinámicas).

En los próximos días prometo dar cuenta de París, y retomar mi mirada crítica sobre lo que nos circunda (excepto mi pregunta sobre los andamios, que se encargó de contestarme uno cayéndose en la calle Burgos justito el día después de colgarlas en el bolg, el resto están sin contestar, no sé si porque no merezco respuesta o porque nadie más que yo se las ha planteado -ni el PSOE, al que regalé medio Pleno ordinario de preguntas-).

Voy a seguir buscando mis cosas por la mesa, aclimatando mi cuerpo a las horas de sentado, mi vista al despacho y al gris perenne de Santander, y mi alma a la tristeza de una ciudad en la que septiembre y la crisis postvacacional duran hasta julio.


Me voy de vacaciones

2 septiembre 2007

Por fin me tocan vacaciones, hasta el día 17 de septiembre. Me voy 7 días a París, y después 5 a cuidar de las plantas de mi hermano David a Madrid. Tiempo suficiente para descongestionarme de esta ciudad nuestra tirando a sosa y aburrida, seguir conociendo mundo y tomando distancia para tener más perspectiva a la vuelta.

Dejo, no obstante y porque si no reviento, varias preguntas, que pongamos regalo al grupo socialista para que haga labor de leal y útil oposición. Allá van.

1.- ¿En qué quedó la restauración de La Horadada, vendida a bombo y platillo por el anterior alcalde que la visitó en lancha y todo?
2.- ¿Qué fue de los nueve aparcamientos subterráneos planteados por la empresa que el anterior gobierno municipal para construir en la ciudad, que fueron estrella de programa electoral y de los que quedan uno sin empezar, y dos concursos fallidos?
3.- ¿Por qué los Agentes de Movilidad ocupan una sede distinta de la de la Policía Local, y hasta van a estrenar en breve su propia frecuencia de radio, el colmo de la segregación de cuerpos?
4.- ¿En qué quedaron las denuncias de un sindicato de la Policía Local a la presunta prevaricación de un ex-ponente de Protección Ciudadana con sus órdenes firmadas?
5.- ¿Para cuándo una organización pactada con los vecinos de las fiestas de la ciudad, cada año más cutres y pueblerinas (con todo mi respeto para los festejos de los pueblos)?
6.- ¿Por qué siguen saliendo camiones de gran tonelaje por la calle Castilla, después de cruzar las transversales desde el Puerto, pese a que tienen habilitada una salida por la zona portuaria que no provoca ni peligro ni atascos?
7.- ¿Se está aplicando ya la norma municipal sobre instalación de andamios, y si lo está, por qué siguen muchos, por no decir todos, ocupando aceras e impidiendo el paso?
8.- ¿Por qué siguen instalándose terrazas en las aceras con números de mesas muy por encima de las autorizadas sin que nadie haga nada por sancionar?
9.- ¿Para cuándo el número telefónico 110, de información al ciudadano, tantas veces dicho que va a ponerse en servicio y otras tantas “si te he visto no me acuerdo“?
y 10.- ¿De verdad quitarán la estatua del general Franco algún día?.

Lo cierto es que no espero respuestas, ni a mi regreso ni después. Pero bueno, como ciudadano rebelde e inconformista no puedo por menos que preguntar, que es una parte de sentirse parte.

Hasta mi vuelta.


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