Prejuicios en todas partes

Rigoberta Menchú fue expulsada de un hotel donde iba a dar una conferencia, en México, porque sus avispados empleados, al verla vestida como va ella, y como se le conoce que va, la confundieron con una vendedora ambulante, supongo de esas que vende productos andinos como chaquetas de lana, muñecas tradicionales, o incluso trenecitos de madera con letras para formar tu nombre (ver la noticia).

He intentado imaginarme algo así en España, y pudiera ser que sí, que pasara, porque aquí también somos muy cafres, y hay mucho analfabeto funcional caminando por nuestras calles de provincias, hasta en las capitales. Lo que ya no veo es a un currito de cualquier hotel de la cadena Vinci, o de Husa, o de NH, expulsando a un europeo, por muchas bolsas de las que se salgan CD’s piratas o muchas cajas de herramientas con relojes que llevara. Es lo que tiene el racismo, que se ceba en los prejuicios y en los estereotipos, y se alimenta de mucha noticia cutre mal enfocada (y a veces bien, porque es lo que se pretende).

Resulta paradójico que haya sido un mejicano, de los que cuando vienen a España en plan inmigrantes de vacaciones para seis años terminan padeciendo en sus carnes los susurros de la xenofobia (y a veces sus auténticos gritos), el que haya aplicado los principios del “parece una panchita vendedora de chatarra” para poner a la señora Menchú de patitas en la calle. Porque o los mejicanos en España no cuentan las cosas que les pasan, o el aplicado empleado no conoce a nadie que haya tenido que emigrar para comer, o no lee la prensa, o sencillamente es imbécil.

Mal de muchos, consuelo de tontos, que dice el refrán. Ojalá este desgraciado incidente no sirva para que los también imbéciles que en nuestro país son racistas y xenófobos (y homófobos, y racistas y tontos) encuentren justificaciones a sus imbecilidades.

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