… Y en el PSOE palmean

23 agosto 2007

Íñigo de la Serna, este alcalde tranquilo de formas educadas que ha hecho olvidar al huracán Piñeiro, ha puesto una pica en Flandes normalizando las relaciones con el gobierno regional. Después de recorrerse los despachos del ejecutivo, al tiempo que ha dejado claro que su manera de ser y de gobernar nada tiene que ver con la bronca, el insulto y el frentismo permanentes, ha conseguido arrancar compromisos inimaginables hace no muchos meses. Siempre sonriente, con proyectos de los que hablar, con posiciones flexibles y con predisposición al acuerdo desde el diálogo, sin recurrir al ejército de Pancho Villa que escoltaba al anterior regidor en sus encuentros-pelea, De la Serna ha sabido generar confianza y lograr cosas muy necesarias para la cuidad. Seguro que convencido de que no puede ser de otro modo, y haciendo por ello de la necesidad virtud, pero pero optando por lo colectivo y de todos antes que por las palmadas en la espalda de los que siempre entendieron que para mantenerse hacía falta guerrear en el lodo.

Desde un punto de vista objetivo, y como santanderino, esto me parece bueno. Lo tengo dicho: ayuntamiento y gobierno están condenados a entenderse, y deben hacerlo además desde el respeto y la colaboración. Cuatro años más como los últimos de divorcio institucional mal llevado son inaceptables, y la ciudad debe afrontar retos en los que el juego del ejecutivo regional es imprescindible, y obligado.

Pero como hombre de compromiso ideológico con un partido político, no puedo estar contento, porque al fin y a la postre, el rédito de este nuevo status quo no es para el PSOE. En estrictos términos electoralistas, han sido PP y PRC quienes se han llevado el gato al agua, mientras en el PSOE contemplan. El refuerzo llegado desde Medioambiente no es suficiente, y al final las mejores fotos son para el alcalde y los consejeros regionalistas. La parte socialista del gobierno ve la vida pasar, imagino que apretando los dientes, y supongo que buscando algún proyecto singular que poner sobre la mesa del regidor cuanto antes para aprovechar lo suyo.

Y esto, lo de buscar propuestas reales y realizables que ofrecer para que no parezca que ahora el cotarro lo mueven sólo dos, debe hacerlo también el PSOE desde el propio ayuntamiento. Alguna de las ofertas electorales podrían servir. Si no, habrá que echarle imaginación, y si no se tiene, preguntar a los que sí la tienen, que son los vecinos. Mucho de lo que hecho y dicho hasta ahora allí me suena un montón, y tiene más que ver con la burocracia que a los ciudadanos tanto aburre que con el ánimo verdadero de construir ciudad. Ser sólo palmeros no sirve.

O el PSOE se pone las pilas, y empieza a meter codo para no quedarse fuera de la obra, sobre todo en el escenario de la ciudad donde hasta ahora el papel está siendo de segundón un poco malo, o luego vendrán los lloros, los lamentos y las caras largas. Y el alcalde, que es muy listo, y las gentes del PRC, que no son tampoco tontas, sacarán pecho, se darán la mano, y vete tú a saber hasta dónde nos llega el morro entonces a los demás.


Prejuicios en todas partes

16 agosto 2007

Rigoberta Menchú fue expulsada de un hotel donde iba a dar una conferencia, en México, porque sus avispados empleados, al verla vestida como va ella, y como se le conoce que va, la confundieron con una vendedora ambulante, supongo de esas que vende productos andinos como chaquetas de lana, muñecas tradicionales, o incluso trenecitos de madera con letras para formar tu nombre (ver la noticia).

He intentado imaginarme algo así en España, y pudiera ser que sí, que pasara, porque aquí también somos muy cafres, y hay mucho analfabeto funcional caminando por nuestras calles de provincias, hasta en las capitales. Lo que ya no veo es a un currito de cualquier hotel de la cadena Vinci, o de Husa, o de NH, expulsando a un europeo, por muchas bolsas de las que se salgan CD’s piratas o muchas cajas de herramientas con relojes que llevara. Es lo que tiene el racismo, que se ceba en los prejuicios y en los estereotipos, y se alimenta de mucha noticia cutre mal enfocada (y a veces bien, porque es lo que se pretende).

Resulta paradójico que haya sido un mejicano, de los que cuando vienen a España en plan inmigrantes de vacaciones para seis años terminan padeciendo en sus carnes los susurros de la xenofobia (y a veces sus auténticos gritos), el que haya aplicado los principios del “parece una panchita vendedora de chatarra” para poner a la señora Menchú de patitas en la calle. Porque o los mejicanos en España no cuentan las cosas que les pasan, o el aplicado empleado no conoce a nadie que haya tenido que emigrar para comer, o no lee la prensa, o sencillamente es imbécil.

Mal de muchos, consuelo de tontos, que dice el refrán. Ojalá este desgraciado incidente no sirva para que los también imbéciles que en nuestro país son racistas y xenófobos (y homófobos, y racistas y tontos) encuentren justificaciones a sus imbecilidades.


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