A la Iglesia digamos NO

En la Iglesia, ese conglomerado de sotanas con ribetes de colores, crucifijos de plata al cuello y carísimas sortijas de piedras preciosas que bajan prestas a las bocas de los que se comen los santos, andan estos días enfadados porque los medios de comunicación recogen en sus informaciones las de los casos de pederastia que la justicia declara en sus filas. Cañizares, ese cardenal toledano que se coloca a la ultraderecha del clero español, tan ultraderechista de por sí que cuesta atisbar el lugar exacto que el vicepresidente de la Conferencia Episcopal puede llegar a ocupar, ha tenido la desfachatez de decir que el grupo social en el que menos pederastia hay es en el de sacerdotes. De no haber niños de por medio, y un delito de lo más infame, sería de risa escuchar semejante memez que trata de justificar lo injustificable,y que es un verdadero insulto para las víctimas y para la propia sociedad.

A monseñor le ha faltado decir que entre gays, lesbianas, separados, divorciadas y madres solteras, los índices de abuso de menores son mayores que entre esos señores de negro que van predicando los intachables valores del catolicismo, que por narices, además, tenemos que desayunar, comer, merendar y cenar todos todos los días porque lo dicen ellos. Y se hubiera quedado tan ancho como cuando llama a la ilegalidad de la objeción de conciencia en la impartición de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, por ejemplo.

La realidad es la que es, por mucho que Canizares y sus sectarios mamporreros quieran otra, y viene a decir que hay curas que abusan de menores, que la justicia les condena por ello, y que la jerarquía eclesiástica es corresponsable porque silencia los delitos y tapa a los culpables. Y que la prensa se haga eco de ello es tan normal, tan sano y tan democrático como cuando lo hace de sus absurdas pastorales en contra de la decisiones del parlamento o de los planteamientos en pro de la igualdad de todos los ciudadanos de los partidos políticos (y son estos, y no la Iglesia, como en tiempos del franquismo, los que articulan la participación política en las estructuras del Estado). No hacerlo sería un escándalo que doblaría el sufrimiento de los niños y sus familias, absolutamente inaceptable en una sociedad que pretende ser justa en un concepto mucho más amplio, plural y correcto que el que se sacan de la manga desde hace siglos los jerarcas de alzacuellos.

Cañizares nos hace pasar por tontos y nos falta al respeto cuando trata de justificar la miseria de los curas hablando de los muchos más casos que se dan en la sociedad, como si ellos no lo fueran, y alegando falsas faltas de denuncias, algo que los hechos desmienten. Claman al cielo sus excusas, tan ruines que deberían sonrojarle, pero sobre todo sus silencios, porque ni pide perdón, ni reconoce el calvario de las victimas ni asume la responsabilidad de la Iglesia.

No caben medias tintas ante tamaño disparate. La Iglesia se coloca en su lugar con manifestaciones como estas, y los ciudadanos de bien, que somos muchos, debemos ponernos enfrente y decir que ya basta, porque nuestro sistema de valores, basado en la Libertad, la Igualdad, la Democracia, el Respeto, el Pluralismo, es mejor que el suyo, sectario, excluyente, antidemocrático. A esta Iglesia injusta y falta de caridad digámosle que NO.

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