Qué cifras en el Puerto…Y QUE DE CARBÓN

En su presentación de resultados sobre tráfico de mercancías desde enero hasta mayo, el presidente de la Autoridad Portuaria ha hablado de crecimiento de las toneladas gestionadas, y de perspectivas interesantes para los próximos meses. Todo magnífico, y que habrá dejado “como dios” a sus responsables y a los de la economía regional (hasta los nuevos dirigentes municipales santanderinos parece que pueden rezongar contentos por la impresión esperanzadora de Del Olmo acerca de las relaciones futuras Puerto-Ciudad que puedan alcanzarse). También “cojonudo” que diría un castizo.

Pero yo, que vivo junto a cerca de otras 40.000 almas en ese barrio-ciudad que es Castilla-Hermida, lo que no he visto en los números de la noticia, y me pregunto, es la puñetera fecha para que el carbón deje de amargarnos la existencia. Sobre todo después de la inauguración de la terminal durante la campaña electoral (con muchos políticos vestidos con casco de ingeniero -blancos, que los azules son de currito-y chalequillos de esos reflectantes).

Ayer, mientras el Puerto se jaleaba por el éxito, el viento nos dejaba en las ventanas (y en la mesa del salón, y en las mesillas del dormitorio, y entre la fruta de la cocina, y en la ropa del tendal, y en el baño, y en…) alguna de las toneladas del carbón de ese triunfo, y todo por la fruslería de que no ha entrado en servicio la terminal para su almacenaje. El paseo de los del casco fue para las fotos. El carbón, para los vecinos.

Durante las campañas electorales parece que los ciudadanos estamos en disposición de aguantar toda suerte de tomaduras de pelo (el nuevo alcalde tuvo la humorada de abrir un parque, y por la noche), pero de ahí a hacernos pasar por tontos después va un abismo. La realidad es mucho más testaruda que los testarudos responsables políticos que a veces la maquillan. Y la del Puerto es que con la inauguración del chamizo para el carbón nos aturdieron entonces (ciertamente generó alivio en los sufridos vecinos) pero nos enervan ahora, cuando lo que hace falta es que entre en servicio de una vez. Y esta, sin necesidad de fotos ni recorridos didácticos. Bastará, estoy seguro, con que con el próximo viento, el Puerto no pierda ni un gramo de ese carbón tan valor añadido para su cuenta de explotación, y que los vecinos no queremos en nuestras casas.

(PD. Hoy no escribiré nada del lider de la oposición en el ayuntamiento de Santander, que luego me dicen que mis notas destilan resentimiento. Que no es tal, por cierto).

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