Cartas desde el frente (IV)

Amigo mío, esto es una sosez de campaña. Sólo los candidatos del régimen y del presidente mantienen alguna tensión dialéctica, a cuenta de no sé qué asunto de recalificaciones, plusvalías millonarias en la compra-venta de terrenos y coches de semi-lujo de segunda mano. Vamos, eso tan corriente de las bolsas de basura y los testaferros, tan español, tan nuestro. Lo demás es lo de siempre: proyectos, colorines, photofotos, y De la Serna todo tierno bajando toboganes con niños.

A mi lo que en verdad me está matando es la campaña del candidato de las letras. Sus propuestas son todo poesía, pero de la moderna, la que no rima y cuesta tanto alcanzar en su entender como los cuadros de las galerías modernistas (ya sabes: rayas y colores al turuntuntun, como hacen los niños chicos en el parvulario). Con cada encuentro que mantiene (en fotos en las que sale solitario, alrededor de mesas sin papeles y mirando como a la nada, que también podían cuidarle esos detalles un poco más) publica un diserto con lo que hará desde la alcaldía. Y con cada diserto, nos surge otra especie de enigma conceptual que yo insisto está muy bien como ejercicio académico, pero me queda que no es la mejor cápsula para mensajes llanos y claros. Ahora, que doctores tiene la iglesia. Aunque. hombre, quizás haber preguntado algunas cosas a los que han dado la cara cuatro años tampoco hubiera estado de más, por eso de pisar terreno firme, o al menos más y mejor conocido, pero lo dicho: los estrategas sabrán.

Se acerca la fecha del pistoletazo oficial de la carrera (y algún carrerón alguien se pegará, fijo) y me muero de ganas por ver la estampa de la pegada de carteles. ¿Música, flores, jóvenes alrededor del viejo doctor, plazas antiguas, grafitis, sonrisas de botox…? ¿Qué de nuevo tendrá el acto? ¿Quién tirará de brocha y cola? Ya no queda nada. Pero nada de nada, además.

Con mi respeto, amigo, y hasta la quinta.

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