Lacayos de carpetillas

Decía yo en mi anterior escrito que por las instituciones públicas dormitan funcionarios (gracias a Dios pocos, muy pocos, pero muy ruidosos) que más parecen lacayos al servicio del amo que toque que profesionales de lo que sea que hagan. Y alguno se ha mostrado, parece, con cierto disgusto por mi comentario, que no ven ajustado a realidad alguna.

Vaya por delante que me alegro de que se me lea, que para eso escribo. Y también que quien se haya visto reflejado en los entorchados o en las carpetillas sabrá por qué. Quizá es su imagen en un espejo lo que han leido, y la conciencia les ha dado redoble de tambores. Sírvales de consuelo que ellos son uno más de los pelotas que arrastran su servilismo por los pasillos del consistorio. Lo que les pasa es que tanta medalla, tanta corbata y tanto abrigo les hacen más visibles.

He oido que se queja algún pelota de que pongo en solfa su idónea capacidad para trabajar bien y con la objetividad técnica como bandera. Eso tan sobado en la boca de algunos de que sirven a la institución, y no a las personas. Permítaseme ponerlo en duda, pero muy en duda.

Para acallarles, una pregunta: ¿por qué permutó su asiento en un reciente acto un concejal por el de otro, que acabó sentado donde no le tocaba? Ah, no hace falta respuesta, que me la sé: porque se le veía mejor, quedaba mejor en el tiro de cámara y más cerca de los mandamases a los que podía acercarse a saludar. ¿Y fue cosa suya colocarse donde no era? Pues no, porque las sillas tenían papelitos que diligentemente habia colocado el profesional de pasar la mano por la espalda. Y la última ¿qué tiene de especial el concejal del cambio? También la sé: que es un candidato de los que se la juegan el 27 de mayo. Sólo por esto, el ofendido debiera ponerse tan azul como las carpetas que mueve de un sitio a otro, y abandonar por un rato el discurso de “al servicio de todos por igual”.

No quiero que nadie que no deba se sienta ofendido. En realidad, nadie debiera sentírselo, pues con este y con el anterior escrito me he limitado a poner a cada uno en su sitio. A los aborregados y los irredentos pelotas, que encima van de dignos sirivientes de todos cuando sólo lo son de unos, les toca el fondo de mi respeto.

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