De lacayos y palafreneros

Está el mundo lleno de pelotas serviles que confuden el buen hacer con el contento de su señor. Y en las instituciones públicas, entre los que habrían de trabajar para todos pero en esta línea de pensamiento lo hacen para el que lleva el bastón, o creen que lo va a llevar, más. Claro que los ciudadanos, los que hacen colas en los mostradores de la administración, no tienden a notarlo. Porque eso se ve realmente desde dentro, en decenas de actitudes que casi siempre traspasan no sólo la línea de lo más adecuado sino de lo educado, colocándose en el terreno de la desfachatez y la falta de respeto.

He visto algunas recientemente, en entorchados con galonería de tres dorados y gorra con cintas, y en funcionarios que hacen de las carpetillas de piel su particular porra y silbato de sargento, que en la balanza de lo profesional prefieren la inclinación de los platos hacia el mismo lado que se les dobla la espalda al paso del amo y señor que hacia lo que debería ser el resultado, al menos cortés, de ese buen trabajo que dicen siempre hacer. Sin empacho, sin vergüenza, con el descaro que se les pone a los inútiles tener público que luego hace de correa de transmisión de lo hecho por el pelota hasta el jefe.

Es el resultado de la miseria humana. De la falta de criterio, de la incapacidad personal para tomar partido por el equilibrio, de la ausencia de perspectiva, y en el caso de estos funcionarios estilo viejo régimen, de la necesidad constante de dar las gracias a quien les da de comer sin merecerlo y de seguir jurando lealtad eterna vete tú a saber para qué en el futuro.

Arrastrase para quedar bien es también un arte, y no todo lacayo o palafrenero sirve. Hasta los aspavientos indignados delante de más gente, o las reafirmaciones de un mando que en realidad no se tiene porque se pinta menos que “la tomasa en los títeres”, deben hacerse bien. Y elegir a quien usar para el show, porque algunos no se dejan fácilmente, y al final, además de la pelota más visible, se hace el ridículo.

No saben los vecinos lo que ganan no teniendo que tratar con según qué gentes que tienen mal enfocada la mira del servicio público. Desagradecidos militantes y confesos adocenados del poder, tan temporal como ellos mismos, aunque de puro incapaces no se den cuenta. Para ellos, sólo lástima y desprecio por malos profesionales.

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