Esas obras tan molestas

Santander está abierto en canal. Quedan poco metros de aceras sin levantar, muchos con las tripas al aire, y otro tantos con pavimento y bolardos todo muy nuevo pero por donde se mal pasa. Ello conlleva calles cortadas al paso de vehículos, carriles reducidos, y atascos, sobre todo atascaso. Bueno, y el encabronamiento de los conductores (me apunto) que hacen (hacemos) rally de ciudad con mil ojos: a los peatones que no tienen por donde pasar; a los obreros, que lo ocupan todo; a la maquinaria de obra, que suele surgir de repente; y que nada nos ralle la pintura o nos reviente los bajos del coche.
En la calle Castilla, paradigma de este despropósito constructor (por si acaso, sé que la obra es del gobierno a medias con el ayuntamiento), un cartel dice que “están trabajando para nosotros” y que “perdón”. Triste consuelo cuando en hacer medio kilómetro se tardan quince minutos, y pasar por los laterales de la “jaula de trabajos” es un show de barro, agujeros, chapas con aristas muy peligrosas, y palas a centímetros de los automóviles. Y de desgracia para los vecinos aledaños, que sufren ruidos, polvo y muchas molestias.
No le veo yo la gracia a lo del pedir perdón, ni en esta ni en otras obras (en la zona Castilla-Marqués de la Hermida, la corriente eléctrica ha estado yendo y viniendo durante estos días por culpa de los tubos y las máquinas para meterlos, y en pleno centro hace poco también una pala reventó unos cables). Menos aún al mañido argumento de que “todo esto es para que vivamos mejor”. No. No he visto a ningún responsable político de los que han adjudicado las obras para hacerlas, las obras y la campaña electoral, recorrer las calles pidiendo disculpas. Al final, el trámite se lo dejan a un cartel en colores, con los logos pequeños, mucho más que cuando presentan las obras con mucho bombo y mucho platillo. Sí que las visitan con cascos relucientes de ingeniero (fotos de candidatos en traje al borde la zanja no nos faltan en la prensa), pero siempre parapetados entre ingenieros de verdad, planos, acompañantes varios, fotógrafos y cámaras.
Bueno, queda el consuelo de que la molestia se supone no habrá de llegar mucho más allá del 27 de mayo. Y que gane quien gane, no tocará otra hasta dentro de cuatro años, que es cuando entrarán las prisas para hacer los que están arriba, y para visitar los que les toque abajo. Pero hasta que llegue, yo me quedo más que con el cartel del perdón, con esa frase tan castiza de los que sufren: “me cago en las putas obras”.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: