Las monjitas se apuntan al hormigón

Las monjitas de la Compañía de María se han pasado al cemento y al hormigón. Con esa desfachatez que tan bien lucen los religiosos, embadurnada de falsa modestia y en voz baja, han pactado una recalificación de lujo para los terrenos que ocupan en pleno centro: pisitos de los caros a cambio de ceder el edificio del colegio al ayuntamiento y permitir que este construya un aparcamiento en el espacio que quede libre. Vamos, una bicoca de las que ponen los ojos en blanco a cualquier promotor. Y que, por cierto, el actual equipo de gobierno no ha tenido empacho en dar buena, por mucho que ahora candidato y concejales se sumen a la movilización (al fin y al cabo, ¿qué edil de Urbanismo ha dicho que sí al conchaveo?).

Las religiosas, que no han tenido el valor cristiano de dar la cara y han mandado por delante a un abogado, hablan de crisis de vocaciones para decidir el cierre del colegio, como si esto fuera algo nuevo o en verdad afectara a la gestión del centro, en manos laicas. En los días que corren, con páginas de prensa hasta arriba de cifras y tablas con lo que se gana con recalificaciones, ventas de terrenos y edificaciones de lujo, las buenas de las monjas se habrán quemado los dedos en la calculadora multiplicando metros cuadrados por euros, aprendiendo de volumetrías y aprovechamientos, y pensando en qué gastar lo mucho a ganar dejando tirados a 500 chavales y a sus familias. Sin más horizonte que liquidar cuanto antes, salir por patas y cerrar un negocio de escándalo que debería sonrojar hasta al católico más pintado.

Sorprende el silencio cómplice del obispado, que no ha dicho ni hasta ahora. Quien tenía que apoyar a la comunidad educativa en su reivindicación de que menos cara y más colegio ya lo ha hecho. Pero falta esa pata, esencial porque al fin y al cabo las monjas están bajo su responsabilidad, y el patrimonio de la Orden es suyo también. A no ser, claro, que quien haya echado las cuentas haya sido el ecónomo de la diócesis y no las monjas.

Padres, madres, profesores y alumnos han sabido encauzar su reivindicación. Y lo han hecho solos, que tiene más mérito, movilizando a cientos de personas y consiguiendo llamar la atención responsablemente y sin chavacanerías. Así, seguro que llegan lejos, que no debe ser más allá que el mantenimiento del colegio tal cual ahora, con las monjas donde quieran pero sin pelotazos urbanísticos y con un buen toque de atención: caridad y educación cristianas no encajan en este nuevo papel constructor.

(PD. No sé cómo conjuga esto con esa exigencia permamente de la Iglesia al Estado de mantener un status quo singular y especial, y además porque sí).

4 Responses to Las monjitas se apuntan al hormigón

  1. Ludwing dice:

    No más construcción en Santander. En una ciudad donde la población decrece y donde hay miles de pisos cerrados no entiendo lanecesidad que hya de acabar con los últimos espacios verdes y tirando edificios bonitos para construir colmenas. NO LO ENTIENDO.

  2. Anonymous dice:

    Gracias, de verdad. Has sabido entender el problema. Un profesor

  3. Anonymous dice:

    No se donde te has informado, pero enhorabuena por tu trabajo. Nos ayuda mucho en nuestra tarea, en nuestra lucha… otro profesor

  4. Cantabro Online dice:

    El tiempo al tiempo, todo cambia y nada permanece.
    Es facil tomar decisiones cuando no te la juegas y eres el responsable. Pero cuando dichas decisiones afectan a muchas más personas, los afectados, pueden no estar deacuerdo. Sus razones tendrán, sus quejas harán, pero al final la ley dirá.

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