Parlamentos y broncas

Un joven estudiante que visitaba el Senado el día de la bronca con Zapatero a cuenta de De Juana, decía que aquellos señores representantes de los ciudadanos parecían más “matones con trajes caros”. Hace unos días, en nuestro Parlamento regional se vivió una tangana con gritos, venas hinchadas y hasta una expulsión. Muchas sesiones del Congreso abren noticiarios con las trifulcas entre señorías más que con lo que han dicho o decidido. Terrible realidad que deja en muy mal lugar a diputados, diputadas, senadores y senadoras, y que por extensión termina salpicando a cualquier que se dedica a la actividad pública.

Los parlamentos son a veces como gallineros: ruidosos, tumultuosos, con mucho gallito queriendo sacar cabeza, con poco orden y mucha falta de respeto. Obviamente no pretendo generalizar: ni todos los representantes se comportan mal, ni todos los minutos parlamentarios son de bronca, pero el altavoz mediático hace que lo parezca, y que así lo perciban los ciudadanos.

Es una obviedad la separación ciudadanos-representantes politicos. La política está teñida de claroscuros que le han colocado en la picota. Muchas actitudes de muchos políticos ni se entienden ni se admiten como válidas, porque están bastante alejadas de los parámetros de responsabilidad que se les presume, y que se les exige para cumplir su labor de portavoces de las demandas cívicas. Y desde luego la bronca tabernaria es un mal escaparate para solventar este rechazo. A los políticos no se les paga para que se griten, se insulten ni se falten al respeto. Cuando lo hacen, nos lo faltan a quienes les hemos elegido, y para quienes en realidad trabajan.

Siguiendo con la sensación del estudiante, creo que sus señorías tal vez debieran dejar corbatas y trajes-chaqueta en casa, porque el hábito no hace al monje, y ponerse más a respetarse y trabajar, sin ruido. No creo que fuera mal comienzo para hacerse respetar desde la calle, que a ratos buena falta hace.

Los parlamentos son la máxima expresión material de la Democracia. Son la casa de la Soberanía Popular, que no se olvide nadie reside en el Pueblo. Pues este Pueblo merece, y exige, respeto. A la institución, por supuesto, que no puede dejarse caer hasta los lodos de la vulgaridad más absoluta. Y a la actividad de Representación Popular, que debe estar siempre en el horizonte de quien la ostenta. Gritos, aspavientos, insultos, pataletas, murmullos desconsiderados, todo esto está bastante lejos de tal respeto.

One Response to Parlamentos y broncas

  1. Enriquez de teran dice:

    Los parlamentarios son esos señores que diga lo que diga el dl otro grupo parlamentario no le van a hacer ni caso. Son esos señores que a la hora de votar se fijan en cuantos dedos ha levantado el jefe del grupo parlamentario. No me parece mal que se cabreen. eso lo vemos en el futbol en las urgencias en los atscos …. es la vida misma.

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