Hacerse viejo, y verlo en los tobillos

8 agosto 2018

Estando ayer en la peluquería, mientras me cortaban el pelo, me vi las piernas reflejadas en el espejo, esa zona donde doblan hacia el empeine, y me di cuenta de que me estoy haciendo viejo. Es verdad que me quedan aún años para ser parte de la tercera edad, pero he comenzado a recorrer el camino de la decrepitud, ese que lleva inexorablemente a la vejez, y de esta a la oscura ancianidad. La carne flácida y arrugada en mechones sin forma alguna definida, es la señal inequívoca.

Los años pasan y se acumulan en los lados de la tripa, pero también en los tobillos en la misma forma que provoca la retención de líquidos. Para precisar el paso del tiempo nos fijamos en el color del pelo, en la falta de tensión fácil, o en el grado de torsión de las manos, y se nos olvidan los tobillos. Y es ahí donde está la Justa medida de la caída libre que nos convierte en vejestorios. En los tobillos.

Me auguro un pasar de los años terrible. Creo que no voy a envejecer bien, no al menos con la cabeza. A medida que me vaya mostrando más incapaz, me imagino más frustrados, más enfadado y más triste. No necesariamente a partes iguales. Cada flacidez de la piel va a ser un disgusto, cada disgusto otro mechón de canas, cada mechón de canas una rabieta, cada rabieta una subida de tensión, cada subida de tensión una úlcera, y cada úlcera dos meses menos para acabar en un cajón barnizado de color oscuro forrado por dentro con guata y falso satén…


Camisetas de colores

29 julio 2018

Resumen del resultado de la prueba de vestimenta de camisetas de colores y su afectación física y emocional.

⁃ Blanca. Muy sacrificada. Es difícil que después de unos lavados no se quede amarilla. Da la sensación de ajustar más de lo que debería, y parezco más gordo de lo que estoy.

⁃ Negra. Me hace gordo. Si añadimos que alguna de ellas tenía letras, muy gordo. No entiendo a los que dicen que me queda bien. Así de gordo es imposible.

⁃ Azul oscuro. Bien. Es un color elegante, y con él no parece que estoy gordo.

⁃ Azul claro. Demasiado juvenil. No me sienta bien. Parezco un señor mayor y gordo, disfrazado. Es un puro quiero y no puedo.

⁃ Rojo. Me empalidece la cara, haciendo que parezca que estoy enfermo, y me marca mucho las gorduras.

⁃ Verde. Me queda bien. No me estiliza la figura, que la edad ya no perdona, pero tampoco me hace gordo más de lo que lo estoy.

⁃ Gris. Muy socorrido color. Va con todo, y te hace gordo lo justo. Muy aconsejable.

⁃ Marrón. No tengo. Ese color seguro que me engorda.

⁃ Amarillo. No tengo. El amarillo da mala suerte, y me haría gordo.


Cosas que pasan (1)

22 junio 2018

El otro día, estando en la caja del súper haciendo cola, un señor mayor y su señora también mayor hicieron notar a la cajera que les había cobrado un “zumo de mango” que no llevaban. La cajera dijo que eso era imposible, así que el hombre y su mujer vaciaron medio carro para que se pudiera comprobar. La cajera trataba de hacerle entender que si no llevaba zumo de mango, este no podía aparecer en el ticket. El señor insistía en que si que salía, y en que él lo que llevaba eran tres zumos de melocotón que estaban bien cobrados. Total, que antes de pasar mi compra, la cajera cogió el ticket, lo reviso y levantando las cejas al tiempo que miraba a la pareja les dijo que allí no ponía zumo de mango, sino sólo mango, y que se refería al mango de la fregona que habían comprado y que sobresalía ostentosamente por una esquina del carro…

[¿Cómo es posible que a las 8 de la mañana haya gente en el metro que huela a barrica de vino añejo, como si se hubiera bebido la cosecha de los últimos tres años?]


Recuerda Nestor… (Carta de despedida)

17 mayo 2018

Recuerda Néstor que cuando muera, no quiero que me entierren. No quiero acabar pudriéndome en un cajón almohadillado de blanco. Prefiero que me incineren, y que me esparzan por el campo. Cerca de un río, si puede ser. Así se hizo con mis abuelos, siguiendo lo que pidieron. Si ellos quisieron eso para ellos, también vale para mi.

Dice el cura de la parroquia que si te esparcen en cenizas no resucitas. Que para resucitar hay que estar entero en una caja, o incinerado pero metido en un nicho en una urna. Como si eso importara cuando te mueres. No. A mí no me importa. He sido feliz en esta vida, y con eso me basta. Si me dieran otra, sabiendo de esta, haría lo mismo que he hecho, poco cambiaría. Decidle al cura que fue mi decisión renunciar a otra vida.

No me gustan los funerales porque son muy tristes. Así que si celebráis uno por mi, por favor que tenga música alegre, y haya flores de colores, y que enciendan las luces de la iglesia. No se por qué los curas se empeñan en dejarlas siempre a oscuras, de iluminarlas sólo con velas. Da miedo entrar en ellas. Las imágenes de un hombre muerto o de su madre doliente no acompañan. La oscuridad lo hace todo aún terrible.

Y que la gente vaya porque quiere ir, no por compromiso. Me dan mucha pena los muertos a los que les dan homenaje gentes obligadas. Si no es obligatorio en la vida querer o estimarse, tampoco puede serlo en la muerte. No dejes que a mí funeral vayan nadie a la fuerza. Sólo quiero gente que me despida porque siente mi marcha.

No dejo muchas cosas. Ni en casa ni en el banco. Nunca fui de ahorrar. He disfrutado cada céntimo que he ganado. Así que no esperéis una herencia copiosa. Para cubrir los gastos de mi marcha llega, así que emplead en eso el dinero. El resto son fruslerías, que tiene más de recurso que de valor. Repartirlas entre vosotros con equidad, y por supuesto sin discusión alguna. No lo he dejado hecho yo porque me importáis todos por igual. En vuestras manos, y en vuestro sentido de lo justo, queda.

Cuando alguien muere, es el momento en el que todo el mundo comienza a hablar bien de él. Seguro que los de mi alrededor aprovechan para hacerlo. Pero esto es pasajero, y no siempre la verdad del pensamiento. Estamos hechos para quedar bien en la desgracia con los desgraciados, pero también para la maledicencia. No caigáis en el error de apostar ni por uno ni por lo otro. Me conocéis. No cambios de opinión por lo que os cuenten. A mí me importa bien poco. A vosotros debiera importaros lo mismo.

En los aniversarios de mi muerte no hagáis misas. Celebradlo con alegría aunque se que os ha de costar. No es la costumbre de nuestro tiempo jalear con risas la muerte de la gente a la que se ha querido. Todo alrededor de un fallecido parece que tenga que ser llanto y desamparo. Yo no deseo eso para vosotros, no quiero tristezas en mi recuerdo. No se si es vida he sido una persona alegre que transmitía alegría a los demás. Pero lo que sí que sé es que ahora que me muero no quiero dejar lágrimas como recuerdo.

Habladle bien de mi a vuestros hijos cuando pregunten por mi. Y que estos los hagan con sus hijos. Seguro que alguna cosa buena he hecho para que os sirva de relato. Si no la encontráis, entonces simplemente decidles que por aquí anduve. Los cristianos son los que sostienen que están en esta vida en tránsito hacia la eterna junto a su Dios. Solamente eso es una existencia muy triste. Yo quiero mejor pensar que si estamos, hemos de hacer, y que por ese hacer se nos recordará. He quiero siempre hacer cosas buenas. Por hacerlas y porque eso se recuerde de mi. Explicad eso, que a buen seguro bastará.

Voy terminado, porque noto que esto termina. Me voy habiendo hecho muchas cosas. Creo haber vivido con intensidad y con emoción, sin hacer daño, o al menos sin haberlo hecho voluntariamente. Seguro que podía haber hecho más cosas. Siempre puede hacerse más si uno no se pone límites y fronteras. Aunque a veces estas vienen impuestas. Vivir entre más gente y con más gente conlleva eso, limitaciones. De todo modos, no tengo queja. La mayoría de las veces he llegado a donde he querido. Y si no he podido, al menos lo he intentado, aunque ese sea un frágil consuelo.

Adiós, Néstor. Que te sonría la vida, y llegues lejos. Que vivas. Gracias por haberme acompañado hasta aquí, y suerte…


Mi amigo el que ha roto…

14 mayo 2018

Tengo un amigo que lo acaba de dejar con su pareja. Llevaban juntos tres años. Me cuenta que las cosas no han salido como esperaban. Por lo visto, la relación se había ido apagando hasta hacerse una pura rutina que les aburría a ambos. No se les veía mal, pero claro, la fiesta iba por dentro. Como la ruptura ha sido muy civilizada, los dos pretendían ser amigos y llevarse bien, aunque advertido estaba mi amigo de que eso es muy difícil, y pocas veces sale así.

Al principio, mi amigo se puso dramático y decidió que la responsabilidad de los errores era toda y sólo suya. Que si había sido egoísta, que si no había estado a la altura, que si debió esforzarse más, que si estuvo distraído, que si no se percató de que aquello se iba al traste… Bueno, quizá tuviera razón, aunque desde luego no toda. He tratado de hacerle entender que las relaciones son cosa de dos, y dos deben ser los que la saquen adelante haciendo lo que haya que hacer. Aun así se ha echado la culpa, más de la que tiene, y lo ha pasado mal. Vaya si lo ha pasado.

De todas formas, al final se ha dado cuenta de que quizá no ha sido él quien ha hecho las cosas mal. En realidad, lo ha conseguido ayudado por una foto. Hace unos días me contó que se había tropezado con su ex de paseo con otro, alguien a quien no debía conocer tanto como para eso. Alguien que apareció hace meses como sin querer y que no parecía ser más que un hobbie social sin malicia ni intención. O eso le dijeron a mi amigo, que se lo creyó a pie juntitas. Urgando un poco, mi amigo se ha topado con una publicación en una red social de su ex con su nuevo colega en una fiesta en una fecha muy anterior a la del fin de su relación. Un sitio y una compañía que no le habían dicho en su momento que serían esos. Cuando ha pedido explicaciones, se las han dado, todas con la misma consistencia y el mismo argumento: su ex le mintió para no hacerle daño y que no pensara lo que no era. A él, que tantos reproches le habían hecho siempre por nada, se la habían dado con queso.

Mi amigo se ha caído de golpe del guindo y ya le ha dicho a su ex que de ser amigos nada de nada. Que cuando no se hace nada malo, o no se pretende hacerlo, las cosas no se ocultan. Que la amistad se funda en la confianza, y que sin ella no hay ni amigos ni siquiera conocidos. Que entre la amistad y una mentira, escogió a otro tío, y una fiesta. Y que con eso, adiós muy buenas. Mi amigo ha sido rotundo y firme, y no ha cedido ni a lloros ni a lamentos. Se han roto todos los puentes, y mi amigo no quiere volver a saber nada de su ex. Las malas elecciones tienen su precio, dice triste pero convencido.

Mi amigo hace muy bien. Su pareja no ha sido honesta ni leal. Yo hubiera hecho exactamente lo mismo.


Todos los años…

3 mayo 2018

Tengo que llamar al seguro del coche para que me digan cuánto piensan subirme la póliza, discutir porque no estoy conforme, amenazar con marcharme y al final conseguir una rebaja…

Tengo que llamar a la empresa que me gestiona el dominio del blog para que me comprueben los datos para el pago de la renovación, me reseteen la clave de acceso al panel de funciones y me recuerden la configuración de la DNS…

Anoto que tengo que domiciliar el pago del recibo del Impuesto de Circulación, pierdo el papel donde lo he anotado y no lo domicilio porque se me olvida…

Tengo que consultar con el veterinario cada cuánto tiempo debe tomar la gata la pastilla para desparasitarse, y siempre me paso en un mes o dos…

Tengo que buscar la ITV más barata para pasar la revisión del coche, sin acordarme lo que he pagado el año anterior ni dónde la pasé…

Me paso dos semanas sin apenas pegar ojo, soñando que no paso la ITV y que tengo que volver con el coche en una grúa hasta un desguace porque no merece la pena reparar los defectos que tiene…


Esa gente…

21 abril 2018

La que frota la tarjeta sin contacto en el trono del metro para entrar, como si con esa magia las puertas se fueran a abrir primero;

La que no saca la tarjeta sin contacto del bolso, y lo frota contra el torno esperando también que esa magia abra las puertas;

La que tarda media hora en encontrar la tarjeta sin contacto en el bolso cuando no se abre el torno, y te hace perder el tren por el que te has matado corriendo escaleras abajo;

La que va en grupo y se para en mitad de la acera a mirar escaparates como si fueran ellos los únicos seres vivos por la calle en ese momento;

La que se tira 10 minutos mirando un escaparate como si en vez de dos muñecos vestidos fuera un cuadro de Rembrandt;

La que mira escaparates en vez de entrar en la tienda a ver la ropa directamente…


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