Hace unos días, mi amiga Melecia me hablaba de lo cerda que es la gente aquí (bueno, ella no dice eso, porque es muy correcta en el hablar. Ella dice cochina, lo de cerda lo digo yo). Melecia es española pero nació en Chile, y se vino de allí hace 22 años con otros parámetros culturales y educacionales. Así que eso de ver escupir por la calle le trae por la calle de la amargura. Con mucha gracia, se preguntaba si la gente ensaya para lanzar el esputo justo al sitio al que parece que quieren hacerlo. Por si era una paranoia de mi nativa americana favorita, he estado fijándome y tiene razón: la gente escupe y la gente es muy cerda. Leer el resto de esta entrada »
El día de la asistenta
5 enero 2010No me gusta estar cuando la asistenta me limpia la casa. Una vez me quedé, tumbado en la cama, leyendo, pero me dio tal ataque de ansiedad que me tuve que marchar. Ella se pone música con auriculares y canturrea las canciones mientras trabaja, pero no fue eso lo que me llevó a la ruina emocional momentánea. Fueron los golpes. Con cada uno se me desbordaba la imaginación pensando qué me había roto con el plumero, y se me escapaba un trozo de vida por la boca. Al final, la concentración de adrenalina en sangre era tal que o me vestía y huía, o me daba un infarto. Me fui con sudores y taquicardia, pero sonriendo por si notaba que a poco más hubiera sido la responsable de un ictus. Desde ese día, le he cogido pánico al día de la asistenta, y procuro no cruzarme con ella ni en la escalera. Luego es verdad que desde que viene por casa, sólo ha roto una cosa, que ni me acuerdo qué fue, y que me llamó toda azorada para contármelo. Pero así y todo, yo sufro mucho y prefiero enterarme de lo que sea cuando vuelvo del exilio.
Ayer lunes tocaba, y a las cinco menos cuarto como un clavo me expatriaba de mi casa y me tiraba a pasear (apunte: antes me pasé a recoger mi coche y acoquinar los 34 euros de una bocina nueva, que durará -según me dijo el muchacho del taller- hasta que otra mojadura se cargue algo llamado “membrana”, porque Citröen le ha dejado hueco en un sitio que es más o menos el centro del Tajo si le da por caerle agua). Y después de tres horas y media bajo el frío, con los pies cuatro números más grandes y los riñones “al Jerez”, decidí que me voy a cagar en la madre que parió a la idea que tuve al contratar a esta asistenta en concreto y dar por bueno el horario que me propuso. Como no hay solución, el exilio cada vez que toca limpiar es obligado, igual que los rezos porque al regresar las pocas cosas que atesoro sigan enteras.
Escrito por Victor Javier Cavia