Posts etiquetados ‘Política’

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Cosas de espías

1 Septiembre 2009

He oído un chasquido raro al colgar el móvil antes. Y también a veces me oigo yo mismo las conversaciones pasadas, aunque creo que esto es cosa del estrés y de que me estoy volviendo loco. Se me ha metido en la cabeza que me espían. Veo sombras que me acechan por la noche (así dice en las malas novelas) y siento ojos escrutadores en mi nuca que me siguen por la calle. Todavía no me he puesto a buscar micros en casa, pero todo se andará. Así que en esta tesitura, estoy dudando entre llamar a Rubalcaba para decirle que qué piensa de la vida y que quién y por qué me está espiando, o a Esperanza Aguirre para decirle que le diga a su vicepresidente que les diga a Mortadelo y Filemón en versión Comunidad de Madrid que yo no valgo el esfuerzo de seguirme. También creo que podría preguntar a mi médico sobre esta nueva paranoia, y en función de lo que me cuente, llamar a Esperanza Aguirre para que le diga a Rajoy que le diga a Cospedal que se tome lo mismo que me recete a mí.

A mí, de verdad, me vigila mi vecino. Se acerca a la mirilla cuando salgo de casa y cuando entro. Yo le hago gestos obscenos para que sepa que sé que está ahí. También sale a la ventana y asoma la cabeza. Si me vuelvo rápido y miro, se esconde a todo correr y vuelve a salir al cabo de un segundo. Estas veces, yo hago que le saco fotos con el móvil, y luego le susurro en la pared que le voy a denunciar por espiarme y por acoso. Por supuesto, la amenaza no hace el más mínimo efecto, y el jodido viejo sigue oteando por la mirilla y asomándose a la ventana. Tengo que preguntarle un día cuando coincida con él, y siempre que antes no me de un viento y le pegue un chuletón por acosarme, que por cuenta de quien me vigila, si de Rubalcaba o de Esperanza Aguirre. O de los dos, que la política hace extraños compañeros de cama, y esto del espionaje tiene todos los sórdidos ingredientes de un fiesteo camestre de lo más apañado.

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Uno que sabe que escribo

8 Junio 2009

Hace tiempo, un hoy exdirector general me presentó por la calle a un todavía director general, que tuvo la ocurrencia de decir que me conocía porque yo era uno al que le gusta mucho escribir. No dijo nada incierto. Fue el tono que usó, entre condescendiente y despectivo, como que no le hiciera gracia lo que escribo (que no se la haga que escriba ni me lo planteo, porque sería el colmo). Desde entonces, le tengo una manía, por supuesto, de tan largo recorrido como aquel retintín. Me he acordado de esto al cruzarme con él ayer (no iba de interventor ni de apoderado, por cierto, sino de dominguero), con una bolsa con diez periódicos (como si eso le diera prestancia cultural), su tripa de alto cargo (y su culo de poltrona) y unos chiquillos.

La verdad es que no estoy seguro de que sea un tipo solvente políticamente hablando, aunque su jefa le estima y hasta en el PSOE ha tenido pretensiones (o eso dicen los que no le quieren bien, que parecen muchos). De lo que hace en el gobierno no puedo hablar ni bien ni mal, porque es tan aburrido que no lo sigo. Nunca he leído nada suyo, quizá porque no le guste escribir, tal vez porque no lo sepa hacer bien. Lo que es seguro es que si escribiera, a mí, aunque no me gustara, ni se me ocurriría hacerle un chiste por ello o poner tonito al reconocérselo como entretenimiento. Esta provincia es así, con muchos provincianos venidos a más desde sus despachos de gerifalte del tres al cuarto.

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Anchoas de Santoña

27 Mayo 2009

Menuda pedazo de foto la del presidente Revilla dando de comer anchoas a Joaquín Sabina. No se quién es más friki de los dos, si el presidente-showman con sus cosas de señor de pueblo o el lila del cantante lameteando el palillo como si fuera una foca de circo. Que pena, que imagen. Ha faltado el tazón de leche y los sobaos para que le estampa sea el descojono completo. Digo yo que Sabina podía ahora componer una canción a la anchoa de Santoña y sacarse con Revilla en la portada del disco (por hacerlo más al estilo del presidente, que suele alardear de ser un analfabeto tecnológico, que saque un vinilo y una cinta de casete para vender en las gasolineras). Seguro que en todos los saraos con albarcas, varas de avellano, concursos de arrastre de vacas y partidas de dominó de este verano por Cantabria vendería decenas. Iban a ser el dúo estrella, a la altura de los Sacapuntas.

Por cierto, que la promoción de los productos de Cantabria que nos ha dejado esa gloriosa instantánea (confieso que hoy no he visto el chiste de Forges, que para qué después de la foto) la han montado en la sala VIP de Barajas. A lo grande, como si hacer la promoción en las puertas de embarque para que la disfrutaran el 95 por ciento de los viajeros del aeropuerto que no pueden pasar por esa sala (que es la de los políticos, los famosos, los altos cargos de VISA ORO por la viola,..) fuera a desmerecer el fiestón de anchoas, mieles y sobaos. Así se hace, con clasismo provinciano. Y los de las esperas en asientos de hierro y recorridos en autobús hasta las avionetas a pie de pista (como el que nos viaja hasta Santander, por cierto), que se jodan y no prueben nuestros productos.

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600 metros hasta los asesores

22 Mayo 2009

He leído por ahí (en El Mundo habrá sido, porque es el único que tiene una sección de chascarrillos suficientemente acreditada para la maldad) que el ministro Blanco (que toda la vida fue Pepiño pero que ahora que va por el Consejo de Ministros es don José) tiene que hacerse un kilómetro doscientos metros para consultar las cosas con sus asesores. Les separan ni más ni menos que 600 metros (ida y vuelta dan los 1.200). Santas dependencias que deben ser esas, y que poco práctico el que escogió las ubicaciones de los despachos. Confío en que tanta distancia entre la idea y la materia (los ministros tienen ocurrencias y los asesores o se las quitan o las hacen inteligibles y realizables) no sea porque al ministro lo tengan metido en una torre, lejos de todo para que no toque nada. Aunque con la de asesores cabrones y la de ministros inútiles que siempre ha habido, tampoco sería de extrañar.

Pensándolo bien, si a don José le gusta hacer ejercicio, sólo tiene que parir muchas ideas que compartir con sus asesores para bajar la tripa sin dejarse 40 euros en el gimnasio (o más, que los ministros y las ministras que hagan uso del gym pueden pagarse uno de esos elegantes que prestan toallas con las letras bordadas en dorado, y tienen chicas y chicos estupendos con uniforme que ayudan a usar los aparatos -en realidad no tienen misterio, pero ya se sabe que los ministros a veces van justos para nuevos conocimientos-, y cafetería-restaurante de comidas de régimen y carne a la plancha). Ahora me explico yo por qué Magdalena Álvarez estaba tan estupenda.