Lo que es volar en Air Nostrum, ¿eh?

30 julio 2009

Ayer descubrí que una de las diferencias entre el bussines class y el resto de mortales (los de los asientos estrechos) en los vuelos de Air Nostrum es que a ellos les ofrecen una toallita refrescante antes de poner el avión a andar. La verdad es que salvo que sea para reducir stock, no le veo razón práctica alguna a la merced, y como valor añadido de unos asientos por los que meten un señor puerro en el precio, es bien poca cosa. Me quedé dormido con el runrún de los motores de la antigualla de aparato nada más despegar, así que no puedo saber si finalmente el tintineo de tazas que se oía al fondo durante el recorrido hasta la cabecera de la pista era porque a los finolis de primera les iban a servir el té.

En morrallasclass te dan una bolsita de frutos secos. Antes había un amplio surtido de ellas que la azafata cacareaba como hacen los camareros con los postres en los restauranes de menú del día. Lo han cambiado, y la bolsita es única y lleva de todo un poco, más bien poco. También han cambiado los vasos. Ahora son de cartón, que tenía narices que antes los dieran de cristal al mismo tiempo que no te dejan subir a bordo con un cortaúñas o te ponen en pelotas como al pasar por el arco pites dos veces y lleves la camisa por fuera. Es muy bueno también ese servir agua de una botella de dos litros, sin hielo, como si del calor de horno que siempre hace en los aviones la botella fuera a estar exenta.

Por lo demás, el servicio en los aviones va a menos: ya sólo llevan una azafata y no ofrecen ni siquiera el Universal, un pasquín que edita Iberia y que lleva las noticias de ayer. No me quejo, pero por lo que cuestan los billetes un poco más de gracia podían darle al volar.


Volé con la Infanta Cristina

19 junio 2009

¡Qué fuerte! Ayer volé de Barcelona a Madrid con la Infanta Cristina sentada diez filas más adelante que la mía. Yo iba, como siempre que vuelo, en el asiento de la salida de emergencia (no me caben las piernas en los otros, y qué coño, que si pasa algo, salgo el primero por patas) y ella en bussines. Nos separaban unas cortinillas grises y del orden de 200 euros en el billete. Ah, y que estaba acompañada de cuatro señores con unos bultos sospechosos en las americanas que le llevaban un maletín, y a mi me arrastraban la maleta y el maletín del portátil…yo mismo. Por lo demás encantadora, repartiendo sonrisas y saludos a todo el mundo. Bueno, a los otros cuatro pasajeros de bussines, que yo creo que el resto del pasaje ni se enteró. Entró al avión la última y salió la primera. Yo me di cuenta de algo raro porque como buen patriota estaba cotilleando por la ventanilla, y la vi apearse de un microbús y subir a todo correr la escalera hasta la entrada del finger. Lo que se me pasó hacer para conseguir el cum laude de españolidad fue ponerme a gritar como un loco “es la Infanta, es la Infanta”.

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