Berlusconi cara-salmón

4 junio 2009

A Berlusconi se le ha quedado la cara del color del salmón, anaranjada. Bueno, es lo que tiene ponerse más maquillaje que Gorka cuando actúa (Gorka es el mejor transformista que tiene esta ciudad). Sólo les separa lo de pintarse los ojos de azul eléctrico, aunque todo se andará. También se pone Berlusconi betún en el pelo. Mata dos pájaros de un tiro: tapa las canas y lo apelmaza para que parezca que tiene más y le cubre toda la cabeza. La almohada de este señor tiene que ser un cuadro por las mañanas. En general, todo su rostro está a mitad de camino entre el cartón reseco y la cera. En el museo de Madame Tissot, en Nueva York, algunos muñecos parecían más reales.

Lo más sorprendente es que este hombre con esa pinta (de que es un lenguaraz imprudente y un payaso no hablaré) está en los papeles desde hace unos meses porque parece que le van los rollos con jovencitas. La estampa de viejo verde, la verdad, es que sí que la tiene. Qué show debe ser este tío en tanga correteando detrás de las niñas vestidas de lolitas, o incluso sin vestir. No me extraña que su mujer, a la que un poco ya se le ha pegado la cara de cartón, le haya mandado a la mierda y a sus abogados. Yo, si tuviera una hija en edad escolar, a Italia de vacaciones no la mandaba por si acaso le da por coincidir con el crápula primer-ministro.


Las series antiguas nos hacen mayores

18 mayo 2009

Dan en el canal MGM de ONO (los burgueses es lo que tenemos, que no nos privamos de nada) esa serie de cuando Fraga era todavía de AP, “Se ha escrito un crimen”. Madre mía, qué recuerdos, con la señora Fletcher dejando muertos en cada encuentro familiar. Esas ropas, esos peinados, qué estética. Y Ángela Lansbury con su bolso hasta el codo, como Isabel II de Inglaterra (y de la misma edad que deben ser, 108 años cada una), siempre acelerada, percatándose en el último segundo del dato que le permite descubrir al criminal, parándose a la cámara como diciendo “anda, mira, si era eso”. Los policías siempre parecían tontos, porque tenía que ser una jubilada coñazo y entrometida la que les sacara las castañas del fuego. Se puso de moda un dicho: tienes menos futuro que un familiar de Jessica Fletcher en una fiesta con ella de invitada, porque siempre caía alguno, o muerto o acusado del crimen. Verla ahora, además de un descojono por lo sencillo de las historias (nada que ver con CSI ni con Mentes Criminales, y muy lejos de Numbers), es como retrotraerse a los tiempos de Espinete, cuando no había más que dos cadenas de TV.

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