A Berlusconi se le ha quedado la cara del color del salmón, anaranjada. Bueno, es lo que tiene ponerse más maquillaje que Gorka cuando actúa (Gorka es el mejor transformista que tiene esta ciudad). Sólo les separa lo de pintarse los ojos de azul eléctrico, aunque todo se andará. También se pone Berlusconi betún en el pelo. Mata dos pájaros de un tiro: tapa las canas y lo apelmaza para que parezca que tiene más y le cubre toda la cabeza. La almohada de este señor tiene que ser un cuadro por las mañanas. En general, todo su rostro está a mitad de camino entre el cartón reseco y la cera. En el museo de Madame Tissot, en Nueva York, algunos muñecos parecían más reales.
Lo más sorprendente es que este hombre con esa pinta (de que es un lenguaraz imprudente y un payaso no hablaré) está en los papeles desde hace unos meses porque parece que le van los rollos con jovencitas. La estampa de viejo verde, la verdad, es que sí que la tiene. Qué show debe ser este tío en tanga correteando detrás de las niñas vestidas de lolitas, o incluso sin vestir. No me extraña que su mujer, a la que un poco ya se le ha pegado la cara de cartón, le haya mandado a la mierda y a sus abogados. Yo, si tuviera una hija en edad escolar, a Italia de vacaciones no la mandaba por si acaso le da por coincidir con el crápula primer-ministro.
Escrito por Victor Javier Cavia