Pantera Tattoo

24 junio 2010

Me he hecho un tatuaje en el antebrazo derecho, por la zona interior. Es una pantera tribal, solamente perfilada, monocolor. Había escogido otra diferente en un primer diseño, pero tuve que cambiarlo cuando vi cómo un compañero de trabajo lo confundía con un mono. Ahora ya está claro que es una señora pantera negra. Antes de hacérmela he escuchado todos los tópicos: que si es para toda la vida (esto más que un tópico es una obviedad), que si con ella no podré buscar trabajo serio en ningún sitio (como si mi dedicación de ahora fuera de chiste o en un circo), que si duele un montón (ninguno de los que me han dicho esto tienen un tatuaje), que si con el tiempo se queda azulada. Mi médico me ha enviado varios enlaces a páginas que recogen documentalmente las consecuencias de un mal tatuado (que si dermatitis, que si hepatitis, que si deformaciones,…), y algún que otro amigo me ha sugerido ocupaciones futuras conseguidas gracias al tattoo (estibador del puerto, legionario, marinero, borracho,…). De hecho, quitando a JM y su socio, y a la buena de Luz (la chica de mi cafetería de diario), a los que les ha encantado el diseño, todo el mundo ha recorrido el camino que va del “madre mía, que dolores” hasta el “qué te has hecho, loco”. El caso es que ahí está mi pantera, cicatrizando y estupenda, casi a punto de poder ser lucida como merece el bicho y un tatuaje.


Mi mundo en un anuncio

22 junio 2010

Desde que cerró la fábrica y me quedé en el paro, el periódico ya sólo tiene para mí las páginas de los clasificados. Busco un trabajo, pero sobre todo una compañía. La soledad agota mi tiempo más que no tener nada que hacer. Cada día, escojo dos o tres anuncios de contactos al azar, y marco los números de teléfono sin decir nada. Tan solo escucho. Me he creado un mundo de fantasías en el que me evado con las voces de las chicas que contestan. Suelo cortar la llamada enseguida, muchas veces porque en realidad quien responde es un contestador automático, aunque eso a mí no me importa. Lo que me da vitalidad, eso que envuelve mis sueños, es el calor de las voces, la sensualidad de las palabras, la sugerencia de las propuestas. Al menos, durante un rato, tengo eso. Siempre me digo que quizá un día sea capaz de mantener la llamada hasta el final, hasta que María, o Lola, o Sandra, y no una máquina, sean las que me digan cosas bonitas, y pueda yo compartir con ellas mis pensamientos y mi soledad. Quizá algún día.

“Concurso de relatos sobre anuncios clasificados de tablondeanuncios.com”


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