(Artículo publicado en mi sección A pesar de Todo del blog Opiniones Libres)
Hace tiempo decidí ahorrar agua. El planeta se seca, dicen, así que hay que hace un consumo responsable y austero. De forma que cumplo todas las reglas al uso para no desperdiciar ni gota: la lavadora, llena o a media carga y con el programa de ahorro correspondiente (me ha costado un huevo aprenderme los símbolos de los mandos y las combinaciones entre ellos para que realmente hagan lo que quieres, que suele ser eso tan prosaico de lavar la ropa, vamos); el grifo cerrado mientras me cepillo los dientes; ducha en vez de baño; y nada de lavavajillas medio vacio, que en mi caso, como no tengo, viene a querer decir que se lavan los platos cuando no quedan limpios y la pila rebosa. Cada vez que llega el recibo me hincho de orgullo por lo poco que gasto. Ahora que el bolsillo ni se entera, porque me cobran 40 metros cúbicos aunque nunca paso de 16 ó 17. El mínimo lo llaman, que es un muy mal incentivo para la solidaridad y peor premio para los que hacemos el esfuerzo.
Escrito por Victor Javier Cavia