Reset (y la mierda de la obra)

19 agosto 2009

He pensado que como con mi Blackberry cuando se le pilla el software, nos podíamos hace un reset social una vez al año. Click, clack, y a tomar por el saco el archivo de las relaciones. Y a empezar de cero. Sería maravilloso. A cuánto gilipollas podría dejar de saludar y de dar coba sin que me tacharan de ser un asocial ni de tener tan mal carácter (algo que es verdad, por otro lado. Qué le voy a hacer). Ni cháchara en el ascensor (la señora del sexto, justo debajo de mi casa, reconoce a José Manuel, pero a mí siempre me pregunta que a qué piso voy y que si soy nuevo en el bloque. Y llevo aquí seis años), ni conversación en la cafetería, ni esos saludos de efusividad alcohólica por Noche Vieja (además siempre se empeña en abrazarte el que más suda y que con menos equilibrio mantiene su bebida dentro del vaso). Cuánto mal ha hecho a la estabilidad mental de las personas la educación y los buenos modales. Tanto saludo, tanto “hola, qué tal” y tanta leche. Yo estoy harto de ser sociable, me aburre y me cansa. Quiero convertirme en un ser hosco, tosco y malhumorado (y se puede ir yendo a la mierda al que se le ocurra decir que ya soy así).

Están cambiando tapas de alcantarilla de mi calle. La misma calle que abrieron en canal hace unos meses, y las mismas tapas que pusieron entonces. Estas nuevas tienen más anclajes, será para no hacer plom plom cada vez que las pisa un coche. Menuda chapuza de obra, de verdad. No he visto nunca nada igual. En Ruiz Zorrilla no han podido poner en uso los recogedores de basura (que en mi calle están atascados la mayor parte del tiempo; las bandejas no suben, las puertas no cierran, las luces rojas parpadean como el cartel de un burdel de carretera,…) porque algo ha pasado con la conexión al tubo general de la calle Castilla. Llevan dos semanas con un agujero en la acera del que salen piedras y piedras, y entran obreros y obreros. Yo para mí que lo que quieren es enterrar directamente la basura, sin llevarla hasta la planta de tratamiento. O que han hecho un apartahotel en el que viven los trabajadores de la obra. El caso es que esta obra es un auténtico despropósito. En cualquier país civilizado, al empresario que la está haciendo lo habían metido en la cárcel, y al gestor público que la contrato lo habrían dimitido. Pero aquí en España, no pasa nada. Y encima tienen la desfachatez de pedirnos paciencia, y agradecernos la paciencia. Qué asco.


Maneki Neko.

18 agosto 2009

Maneki Neko. Así es como llaman al gato de la suerte que les compré a los chinos. Y no es chino, sino japonés. Dice la leyenda que un señor feudal del Tokio del siglo XVII se refugió en el hueco de un árbol durante unas lluvias torrenciales. Un gato, Tama, comenzó a llamar su atención con la pata, atrayéndolo hacia un templo cercano que se encontraba en la ruina. El señor salió, atraído por la curiosidad, y sólo un instante después un rayo cayó sobre el tronco y lo incendió. El señor, de nombre Naotaka II, en agradecimiento al gato, financió los arreglos del templo de forma que el gato y el sacerdote del templo no volvieron a pasar hambre. A la muerte de Tama se le rindió tributo enterrándolo en el cementerio de gatos del templo Goutokuji, y se creó en su honor el Maneki Neko. Desde entonces, dicen que da buena suerte. Así que ya sabéis. El gato que mueve la mano SALE en el anuncio de la cerveza Mixta, pero no ES el gato de la Mixta. El mío ahí sigue, dale que dale, saludando con su pata.

(PD. El domingo, volviendo de Bilbao –qué pasada la Marijaia-, un hijo de puta casi nos saca de la carretera a 120 kilómetros por hora. No debió vernos –y eso que llevaba hasta las luces puestas, por si acaso- y quiso irse al carril que yo ocupaba pasando de mí. No exagero si digo que faltaron centímetros para darnos un santo hostión. El tiparraco se deshizo en peticiones de disculpas, y yo en el sudor del miedo. Dos horas estuvieron temblándome las manos. Si llego a tener escopeta, ahora escribiría esto desde presidio).


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