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El alcalde De la Serna y los clips de colores

22 Marzo 2010

De siempre, lo de los clips de colores para prender hojas me ha parecido una horterada. Me da la sensación de que quienes los usan tienden a perder el tiempo decidiendo de qué color los escogen, que supongo dependerá del tema de los folios que van a sujetar, o del estado de ánimo del usuario, o incluso del gusto de la persona a la que se destina el documento que agarran. He visto en una foto del alcalde de Santander que sobre su mesa había una caja de clips de colores. Y se me ha desbordado la fantasía: que si azul para sus compañeros de equipo de gobierno, que si rojos para Revilla y el Gobierno regional, que si negros para sus jefes del PP de Cantabria, que si rosas para los del PP nacional, que si amarillos para los empleados municipales, que si verdes para los medios de comunicación amigos, que si blancos para las asociaciones de vecinos…

En realidad, no me veo al alcalde perdiendo el tiempo en seleccionar el color de los clips. Le supongo más práctico. Y los hechos lo demuestran: ha recuperado el viejo eslogan de la afrenta del Gobierno con los santanderinos para ir rebañando votos a un año y pico de las elecciones. Cada día, el alcalde De la Serna se parece más al alcalde Piñeiro en eso de ir exigiendo que le hagan obras y le paguen caprichos a cuenta de ser la capital, y tener al 40% de la población, y a un supuesto agravio comparativo con otros municipios históricamente no resuelto. No sé si los clips de la mesa de don Iñigo los ha heredado, con el cargo, de don Gonzalo (tampoco le pega a este perderse en sutilezas y vincular sentimientos con el espectro cromático), pero desde luego lo que sí que ha rescatado es su viejo discurso del ultraje, aquella chulería torera del “aunque no lo paguen Santander lo va a tener” (lo que sea, además, que para ir de víctima da lo mismo de lo que se trate), y la estrategia mártir de culpar a los otros de todos los males de la ciudad sin asumir que toda la responsabilidad es solo suya.

Con el desparpajo que da creer, como su antecesor, que cualquier alcalde de Santander debiera caminar siempre bajo palio, el alcalde De la Serna se está aplicando a pedir imposibles: que si un túnel que cuesta un riñón (hay mucha querencia en esta ciudad por hacer un túnel para pasar a la historia), que si un tren que cuesta dos, que si que le regalen todo el frente marítimo, que si en La Remonta se ejecute su proyecto y cómo él dice pero pagando los demás, que si la unificación de las Estaciones no le cueste un duro y encima le reporte pingues réditos electorales con los vecinos. Vamos, que como diría mi tía, le ha hecho la boca de un fraile. Pidiendo y no dando más que malas contestaciones cuando no se atienden sus exigencias, y mirando para otro lado cuando se le pregunta que él qué pone, como los gorrones al escaquearse de su ronda.

Para algunos, ser alcalde de Santander es una categoría. Y la derecha, además, lo ha convertido desde que no gobiernan la región en el púlpito de la contra y en un espolón de ataque. Sin ninguna vergüenza, con los vecinos de munición y cautivos de una fantasía que las cifras reales desmienten, y que el alcalde de turno, antes Piñeiro y ahora De la Serna, ocultan en una estrategia de confrontación que saben que a los únicos que beneficia es a sus número en las urnas, que no a la ciudad ni a los que en ella residen.

De entre ocupar el tiempo en reivindicar lo imposible solamente para buscar la bronca, o en escoger el clip de plástico con el que fijar documentos, casi prefiero al alcalde de Santander haciendo esto último, porque le quedará más auténtico que la llorina esa que se gasta antes de poner cara de niño castigado sin juguete por Reyes, porque eso sí que no trae inversiones para mejorar la ciudad.

(PD. Por cierto, que aún estamos esperando que reconozca que las últimas obras que ha inaugurado con ese circo con el que acompaña todos sus actos han sido hechas gracias a la pasta que le ha llegado desde el Gobierno de España, sacada del procomún nacional.)

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Bolo y Yaya

21 Marzo 2010

Hoy hace cinco años que murió mi abuelo Valentín. Estaba enfermo de algo mental, y desde que falleció mi abuela siete meses antes había ido a peor, pero en verdad se murió de repente, después de desayunar, esperando a levantarse y arreglarse. Bolo se fue sin molestar a nadie, como se había ido la Yaya. Vivieron sus últimos años en una residencia donde estuvieron mejor que solos en su casa. La Yaya no se valía por sí misma, y aunque Bolo se había empeñado al principio en hacerse él cargo, al final tuvo que convencerse de que era imposible. Mi madre iba a verlos todas las tardes, y la pasaba con ellos hasta que cenaban. Cuando mi madre llegó a la residencia después de que la avisaran de que Valentín había muerto, se acercó a él y le reprochó llorando que no le hubiera dicho nada de esto la noche anterior para haberse quedado con él a pasarlo.

Valentín se había ocupado de su casa toda la vida. Literalmente, además, porque él se ocupaba de limpiar, de fregar, de lavar, de hacer la comida. Adoraba a mi abuela, y no la dejaba que hiciera nada. Eran un matrimonio singular, absolutamente matriarcal. Y para Bolo, seguramente, no tener allí a su mujer para cuidar de ella era más de lo que podía soportar, así que de repente se murió.

Me acuerdo mucho de los dos. En la estantería principal de mi salón tengo cuatro fotos, y las cuatro son de ellos. Me resuena en la cabeza el vozarrón ronco de mi abuela llamándolo “Brezoooo” y pidiéndole tabaco, y le veo a él con paso firme pero callado ir hasta el armario, rebuscar y sacarle un pitillo.

Si existe el cielo, seguro que mi abuelo está empujando la silla de mi abuela por algún camino mientras mantienen una conversación de esas de señores mayores, absolutamente felices los dos. Y de vez en cuando, parando para darle un cigarrillo y atusarle la blusa, o la falda, o simplemente mirarla mientras da caladas.

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Santandeuropa se confunde con España

7 Marzo 2010

Antes de empezar, dejaré dicho, por si acaso, que soy un absoluto partidario de Santander 2016. Quiero que la candidatura gane, porque si lo hace, Santander podrá tener un horizonte cultural que ahora se echa de menos. Optar a la capitalidad puede ser un revulsivo para transformarnos y pasar de ser decorado de teatro a obra principal, y ha movilizado, además, a los santanderinos entorno a una idea unificadora, algo nada fácil en una ciudad donde sólo las peñas taurinas en las fiestas de Santiago y la afición por el Racing sacan a la gente a la calle. Así que ojalá seamos elegidos Capital Europea de la Cultura para 2016.

No quiero poner en cuestión, pues, la candidatura, ni siquiera el trabajo que se lleva a cabo por darle aire y recabar apoyos, sino la chapuza de algunas de las acciones que se usan en ese objetivo. Santandeuropa es un ejemplo de esa carpetovetónica capacidad que algunos tienen para meter la pata por desidia que hace que cualquier cosa buena devenga en un churro inconsistente. En este juego para dar a conocer los países que forman la Unión Europea, que he oído decir que es demasiado caro para el beneficio real que a la candidatura y a la difusión de la Unión les reporta (vamos, que mucho poste, mucha bandera, mucho cartel, y poca sustancia y menos efecto), la cadena creativa ha decidido equivocarse ni más ni menos que con los datos que da de España. La verdad es que no me he parado a comprobar los de los otros 26 miembros de la UE, aunque ahora que he visto cómo la han cagado bien cagada con nuestro país, sólo por curiosidad, debiera. Dicen los mupis, los sobres de azúcar, y supongo que el resto de los millonarios elementos que conforman la promoción, que nuestro sistema político es la Monarquía Constitucional. Estoy seguro de que quien lo escribió pensó en el Rey y en la Constitución, y así tal cual le sonó bien y lo puso negro sobre blanco. Y también tal cual, se confundió bien confundido. Leer el resto de esta entrada »

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Dos artículos nuevos

17 Febrero 2010

Os dejo aquí los enlaces a mis dos últimas aportaciones a las páginas en las que me tienen de colaborador (mal que le pese al imbécil del comentario que me convenció de que no merece la pena llevarse malos ratos por las opiniones de los insolventes intelectuales -y para eso nada como suprimir la opción de dejarlos-):

Las encuestas como puro momento“, en Cantabria Confidencial (pincha aquí)

Consejos del jefe de escalera para ‘ahorra en la luz’“, en Opiniones Libres (pincha aquí)

Y el que quiera comentarlo, ya sabe. Que me pare por la calle.